10 CIUDADES 10 ARQUITECTOS | 2T

T2 | Capítulo 02: Algunas esquinas de Buenos Aires

por Begoña Uribe

 

En el avión se siente una turbulencia fuerte y, acto seguido, el piloto avisa que hemos comenzado el cruce de Los Andes. La vista desde la ventana del avión es realmente sobrecogedora, el relieve de la cordillera parece danzar en un mar de colores marrones que terminan en un profundo cielo azul.

Luego de algunos minutos el paisaje cambia de golpe para dar paso a la inmensa Pampa Argentina. Si el ir y venir de las montañas me impresiona, los patrones y colores de los campos se llevan todos mis aplausos mentales. Atrás quedan los tonos café para reemplazarlos por parches verdes, amarillos y rojos en una increíble gama. Los campos y vías de circulación parecen una gran alfombra a cuadrillé apolillada por lagunas y ríos, marcando hitos geográficos inalterables por el cultivo humano.

Después de esa composición, lejos en el horizonte marino, comienza a tomar forma la gran mancha urbana de Buenos Aires. Se nota que habitan cerca de 13 millones de personas. Una ciudad inmensa, que en tres días de viaje se hace imposible abarcar: en esas breves horas yo sólo seré capaz de darle una pincelada a Palermo y sus alrededores como una muestra rápida de lo que pueden entregar algunas esquinas de Buenos Aires.

Cordillera de Los Andes | Pampa argentina

Ya en tierra firme en Aeroparque y luego arriba del uber me deleito con más contrastes, desde los márgenes acuáticos de la ciudad hasta donde alojaremos, en el barrio de Palermo SoHo.

Lo primero que veo al salir es una carretera recta e interminable que bordea el imponente Río de la Plata para luego adentrarse en un parque enorme que corona ese lugar de la ciudad. Dejo atrás muchas hectáreas de parque, con el sol ya pasado el horizonte veo las siluetas del barrio. Entre ellas distingo una heterogeneidad en la constitución de la ciudad, variadas alturas, fachadas y profundidades que parecen unirse en una vereda poco pretenciosa pero llena de actividad. El uber para y me deja en uno de los tantos restaurantes de la calle Scalabrini Ortiz, donde me bajo con maletas y todo porque voy atrasada a la primera para del itinerario de mi viaje exprés. Un tour gastronómico con agenda apretada.

Bosques de Palermo | Hipódromo de Palermo

Como viajo con un cocinero, habíamos trazamos nuestro itinerario estratégicamente para que en el camino a los restaurantes pudiésemos ver la ciudad. El primer día elegimos ir a Belgrano para almorzar, cosa que nos obligaba a cruzar todo Palermo y verlo de punta a cabo. La ida decidimos hacerla por la ciudad y la vuelta por Los Bosques de Palermo. Y aquí reconozco el error de salir sin haber tomado desayuno y el consiguiente apuro que me hizo correr por la ciudad y perderme lo que el barrio tenía para ofrecerme. A la vuelta, habiendo aprendido la lección, recorremos esta zona de la capital a paso lento y mirando todo lo que podemos.

Bosques de Palermo | Arcos

La escala es envidiable y ocupa casi la mitad de la “comuna”. Bastaron unos pocos metros de caminata para dejar atrás el sonido de los autos y la vista de los edificios para adentrarnos en un bosque de arboles maduros y copas muy altas que nos guían hacia una gran laguna donde olvidamos que estamos en una de las ciudades más grandes y sobrepobladas de toda Latinoamérica.

Seguimos camino por el bosque, cruzando varias pistas de auto que atraviesan la extensión verde. De pronto los árboles son reemplazados por un muro de ladrillo perforado con dinteles arqueados, detrás del cual se asomaban los edificios de la ciudad. La calma es interrumpida por sirenas que anuncian algún tipo de competencia o performance y el olor fresco del bosque se transforma en olor a tierra húmeda, mezclado con ese tan característico olor a caballo que nos anuncia que estamos rodeando la parte trasera del Hipódromo de Palermo. Un montón de gente de pie haciendo fila para entrar al complejo nos confirma nuestra sospecha de que el lugar es más importante de lo que es en otras ciudades, por ejemplo, en Santiago.

Más allá otros sitios le compiten en importancia: el planetario, los jardines botánicos, los antiguos arcos de trenes (estructura de soporte que fue convertida en restaurantes en la mitad de este parque) y la famosa mole modernista que es la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, obra del célebre Clorindo Testa.

Esquina de Palermo | Restaurant Chori

Esa noche y el día siguiente nuestros compromisos se concentran en el barrio de Palermo, entre el Hollywood y el Soho. Toda la monumentalidad que vemos en los parques del primer día es reemplazada por una escala más doméstica y llena de detalles casi anecdóticos. En un principio me descolocan, como si aún faltara por levantar la mitad de la ciudad, pero pronto me veo cautivada por la cantidad de información que puede haber en una sola esquina. Esa incoherencia le da una identidad única al barrio, llenando de personalidad cada uno de los edificios que son una muestra de distintas temporalidades, usos, alturas, y colores, respetando siempre la actividad en la calle.

Centro Audiovisual | Muro en Palermo Hollywood

Palermo Hollywood | Palermo SoHo

En una esquina puedes encontrar una casa de los 90 convertida en oficina y a cada lado una fachada de 1900 y un edificio del 2000 de 8 pisos. En la esquina contraria puede haber un edificio curvo del 50 convertido en restaurant junto a una torre de vivienda de los 80. Una peculiar mezcla de estilos, colores, alturas y usos que da la sensación de que en este sector de Buenos Aires se construye sobre la marcha y nada es desechable. Imagino que en unos 20 años se habrá llegado a un barrio más homogéneo, más ordenado y claro, pero quizás no tan vital, provocador y lleno de detalles como lo es ahora.

Quiero pensar que las capas de historia acumuladas en estas manzanas dan pie a la libertad de expresión, como pasa en lugares como Valparaíso. Una sensación de respeto con lo que le corresponde al pasado pero con muchas ganas de comunicar el presente.

Callejones cerca de Plaza Serrano

Buena muestra de esto es la Plaza Serrano. Los colores de los muros son profundamente llamativos y su máxima expresión se da en los pasajes que cruzan las calles paralelas a la plaza. Tienen no más de ocho metros de ancho y sus paredes están cubiertas por completo con colores y dibujos.

A la luz del día sólo parecen callejones usados como lienzos por artistas, pero si se mira con atención, los vestigios de vidrios rotos y un tenue olor a alcohol en descomposición delata su intensa vida nocturna. Basta con esperar el caer de la tarde para ver como algunos músicos usan los muros pintados como telón de fondo para entonar melodías de tango con una simple percusión. Esto es un aviso del comienzo de una nueva noche en la Plaza Serrano.

Músicos callejeros cerca de Plaza Serrano

Sin ver el final del tango callejero nos dirigimos a nuestra cuarta parada -la más importante de todas-, el restaurant Niño Gordo, lugar que vale la pena mencionar.

Desde lejos ya se anuncia con una luz de neón en forma de techo de pagoda, un centenar de panfletos blancos con escritos japoneses color rosado pegados en la pared y una discreta puerta roja, cerrada. Al tocar la puerta pero sobre todo al cruzarla, la sobrecarga de información es brutal. La misma luz neón anaranjada cubre toda la atmósfera al punto de que todas las caras y la comida toman ese mismo color.

Restaurant Niño Gordo

Peceras con medusas falsas, una entrada caribeña, más luces de neón, referencias al animé japonés, música de Dragonball Z, budas regordetes, entre otros objetos, conforman un ambiente profundamente rosado. La atmósfera es tan exagerada que llega a ser absurdamente coherente con el concepto asiático y logra que la comida se vuelve toda una experiencia.

Salimos del restaurant para dar espacio a dos personas de la larga fila que esperan fuera de la calle, mientras enfilamos por ultima vez hacia el camino donde está nuestro alojamiento, atentos a los detalles que hacen de este sitio un lugar tan distinguible. Aquí concluyo que escoger este lugar como destino final no es anedcdótico ni se desconecta respecto de la verdad de esta parte de la ciudad, y es que este curioso lugar está justamente ubicado en una sección de Buenos Aires donde todo parece ser válido. Un lugar donde lo excesivo, recargado y especialmente lo mezclado, es a veces su principal atributo.

Texto e imágenes: Begoña Uribe

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Sobre la autora: Begoña Uribe es Arquitecta de la Pontificia Universidad Católica de Chile (2017). Apasionada por los viajes, conocer lugares y no solo pasar por ahí: estuvo de intercambio en Copenhague. Trabajó dos años el sitio web Plataforma Arquitectura, en el área de editorial latinoamericana y España, y posteriormente estuvo en el área de estudios urbanos de Urbana ED, enfocada en proyectos de parques urbanos. Hoy se encuentra montando su propio estudio, el cual se centra en la gestión y diseño de proyectos en densidad en Santiago de Chile. Estuvo en Buenos Aires en junio de 2019.

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