10 CIUDADES 10 ARQUITECTOS

T2 | Capítulo 04: Sol y Sombra en Marrakesh

por Consuelo Araneda

 

‘Viajar, no para llegar sino por viajar, para llegar lo más tarde posible, para no llegar posiblemente nunca’. 

El infinito viajar – Claudio Magris

 

6.30 de la mañana y nos despertamos con el aviso de que es hora de rezar.

Al principio no entendí mucho y el cansancio de semanas de viaje en el cuerpo me hicieron tratar de seguir durmiendo, pero el ajetreo de la calle fue más. El amanecer desde la azotea es la mejor bienvenida a este país africano. Son de esos breves instantes en que el mundo se suspende y la luz entra de costado. Lo observé con un café en la mano.

El uso de los techos como extensión de la vivienda es característico de las construcciones del desierto, donde nunca llueve y las cubiertas son planas. Además por las noches son espacios ventilados y frescos, decorados con alfombras y lámparas.

Texturas y textiles

Pronto comenzó la aventura en Marrakesh: el caos, la histeria, en paralelo con la calma con que gira el sol. Como si sólo viéramos la vida pasar, al mismo tiempo que todo pasa condensado en un instante. Con un poco más de cuidado que en otras ciudades y profunda curiosidad salimos a caminar, primero al Palacio Bahía, que es como entrar a un oasis en todas sus acepciones.

La estructura de patios interiores permite regular la temperatura ambiente y resguardar la privacidad de las familias. Además de las fuentes de agua –siempre en número impar– que aumentan la humedad y permiten vigorosa vegetación. No obstante su tamaño, logra ser delicado y silencioso.

13.30 horas, es momento de rezar otra vez.

Callejones en la Medina

Cada uno a su ritmo, muy amantes del desierto, nativos del sol, sabios para moverse, con un desplante que ya me lo quisiera yo. En cada esquina un nuevo olor. Por las callecitas estrechas de la Medina, entre motos, autos, triciclos y gatos, llegamos al Zoco, el mercado más grande y abrumador al que he ido. Saturación de color en filtro ocre. Pensé en detenerme en cada puesto, pero el acoso por vender es tal que continuamos con decisión. En un rincón encontré la mochila de mis sueños, que me acompaña hasta hoy, y en todos mis viajes.

Una vez que conseguimos salir del laberinto, almorzamos: tagine de verduras, una comida típica a base de papas y verduras estofadas, muchas veces con pollo y limón, servidos en un plato de barro con tapa alta para conservar el calor. Sí, a pesar de los miles de grados de temperatura es preciso comer caliente.

La Plaza Yamaa el Fna da el respiro justo a una estructura urbana de ciudad antigua y estrecha que la protegen de la radiación. Sobre la amplia explanada ocurre de todo, desde carritos de comida, espectáculos callejeros y los infaltables turistas. Sol y sombra, no hay lugar a los grises.

17.00 horas, una pausa para rezar.

Barak, el guía

Nuestro guía, Barak –que merecería un texto propio–, nos acompañó de vuelta al Riad. Ya en más confianza me cuenta que habla seis idiomas, aunque sólo fue cuatro años a la escuela, que trabaja para que sus hermanos puedan estudiar y sueña con viajar a España. Me sorprendió el cariño y respeto con que nos habló de su tierra, del desierto, de su gente: los Berber. También, y a pesar del ímpetu por atraer a tantos turistas y consumidores como sea posible, es llamativo como se mantiene el acceso exclusivo para musulmanes a los templos de la ciudad. No niego que me hubiese encantado conocerlos, pero valoro mucho más su preocupación por cuidarlos.

Admiré la elegancia de sus túnicas, las alfombras, los cueros y pashminas. Desde pequeña he tenido interés por el mundo textil, aprendí de mi abuela que los géneros son nobles, que su composición y diseño guardan mucha historia, son testimonio de una cultura y su época, porque la vestimenta es una forma de comunicar, de expresión social y que ayuda a construir nuestro espacio en el mundo.

20.30 horas, y otra vez es momento de rezar.

En el Zoco

Calles de la Medina

Durante el viaje nunca hablé con mujeres. Viven en la sombra, porque el machismo es tanto como el calor. A ratos me indignó, jamás me habían tratado así, incluso por querer pagar me miraron extrañados de que no haya un hombre al lado validando la transacción. A pesar de que el voto femenino se aprobó en 1963, casi 10 años antes que en Suiza, aún se mueven en la penumbra.

En múltiples ocasiones me preguntaron si estoy casada, si tengo hijos, casi más que la curiosidad que les produjo saber sobre mi país de origen o el idioma que hablo. Sin duda la brecha cultural que nos separa es considerable, sin embargo creo que en ningún lugar del mundo debiese haber espacio para esta forma de violencia y desigualdad.

Tagine de verduras y limón.

Hacia el final de este viaje se acercaba no sólo el término de mis días en Marrakesh, sino que el cierre de varias semanas dando vueltas con la mochila a cuestas. Un cierre distinto al que esperé, al sol, en un lugar donde nada es familiar y se ponen en cuestión hasta los dinosaurios más firmes. En medio del desierto el cielo se ve más claro, la inmensidad y el silencio sobrecogen, esta vez en una paleta de colores ocre con azul.

Carrito de comida en la Plaza Yamaa

Como reflexiona Magris: ‘viajar para poner el mundo en el espejo’. Probablemente hay algo de eso que busco inconscientemente cada vez que armo la maleta. Marruecos te desafía, critica y juzga. Es un destino intenso y fascinante, que sería lindo repetir cada ciertos años, para volver a poner las cosas en cuestión y disfrutar de esas bellas azoteas, donde por la noche comemos Tagine, de nuevo.

Antes de partir tomé un café mirando a la plaza, feliz de haber conseguido regatear a pesar de mi aspecto, de haber conocido el desierto más grande del mundo y llevarme atesoradas tantas anécdotas de mi primera experiencia africana.

22.00 horas y vuelven a sonar los megáfonos que nos recuerdan que –nuevamente– es hora de rezar.

Texto e imágenes: Consuelo Araneda

Sobre la autora: Consuelo Araneda Díaz es Arquitecta de la Universidad de Chile (2019). Coordinadora de comunicaciones del Grupo Arquitectura Caliente y actualmente es parte del equipo de Asesoría Urbana en la Municipalidad de Renca. Estuvo en Marrakesh en marzo del 2017.

2 thoughts on “10 Ciudades 10 Arquitectos | Capítulo 04: Sol y Sombra en Marrakesh”

  1. Consuelo!!
    Me llevaste de nuevo a Marrrakesh!
    Lo visité hace un par de años y este relato perceptivo y agudo me lo trajo de vuelta!
    Se ve que disfrutas los viajes y mas aún escribiendo a cerca de ellos!!!
    Felicitaciones por tu artículo!!

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