10 CIUDADES 10 ARQUITECTOS

T2 | Capítulo 08: Bilbao, la planificación en pos del habitante

por Francisco Guerrero

 

A mi pequeña familia vasca

 

Crecer, surgir, caer, darse cuenta, pensar, planificar, renacer. Ya quisiera yo la capacidad de Bilbao para levantarse, mirarse y pasar a la siguiente etapa.

Es un clásico europeo, y también por este lado del charco, el proceso de industrialización de las grandes ciudades productoras a mitad del siglo pasado, generando polos de proliferación económica en contadas ciudades de cada país con el fin de generar un crecimiento exponencial de las capacidades internas por valerse y posicionarse en una realidad mundial competitiva, proliferante y bien dañada socialmente. Cual apuesta bien estudiada, se jugaban los fondos monetarios de un estado por el crecimiento industrial-económico en posibles puntos de atracción industrial y migratorio, aunque la comparación con el azar no le hace justicia al trasfondo político y maquiavélico del que no merece la pena hablar ahora.

Museo Guggenheim

En el caso de la península ibérica, Bilbao fue el fiel ejemplo de cómo un proceso de industrialización de una ciudad puede ser tan beneficioso como contraproducente, denotando la idea de que lo económico puede estar por sobre lo social. La persona puede ser vista como un ente productor y la ciudad sólo un paño a repartirse entre industrias, dejando lo que queda a la vivienda, las relaciones interpersonales y ni hablar del espacio público.

“Cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo” nos decía Numhauser, cómo sabiendo sin querer. Cómo cantándole su propia distopía a tanta ciudad industrial. Claramente Bilbao no fue una excepción.

Cortada, llena de cicatrices, gris y urbanísticamente desolada, fue como la capital Vizcaína muy a regañadientes se dejaba entrever, en una década de los 80 post crisis industrial que poco se acordaba de lo que había antes de tanta industria. Se moría la gallina de los huevos de oro, dejando ver que bajo ella aún existía una ciudad con un capital histórico y cultural queriendo salir a flote.

La ría de Bilbao desde el puente Zubizuri

Para no hacer más larga la historia, Bilbo (llamada así en euskera) tuvo que detenerse en el tiempo, mirarse a sí misma, pensar y actuar. Con el temor y la incertidumbre de no extender más en el tiempo la agonía urbana en la que la ciudad estaba inmersa, hubo que tomar una decisión, no sólo por la ciudad en sí misma, si no por la calidad de vida de quienes hacen la ciudad. Suena tan lindo y utópico pensar que las ciudades pueden re pensarse, re planificarse, re organizarse y renacer, pero Bilbo se encarga de enrostrarnos que es tan real como posible.

Créanme que no es sólo la llegada del tan icónico Guggenheim, con un rimbombante Gehry desplegando toda su ingeniosidad al momento de doblar el metal y hacerlo habitable. Por qué después llegaron los Pelli, los Calatrava, los Ferrater, los Foster y un montón de estrellas a posicionarse en esta nueva musa. Aquí, y por favor tomémoslo todos de ejemplo, el principal protagonista fue la ciudad y la idea de regenerarla para quienes la habitan. Da igual si es de forma transitoria o permanente, da igual para quien, Bilbo tenía que ser para quien esté en ella.

Estadio San Mamés

En torno a la ría empieza a surgir una de las ciudades más amables que conocí, como si te invitara a caminarla, como si con cada curva de la ría te escondiera por momentos un paisaje, un edificio, un parque, un algo que te llama a seguir caminando y ver un que hay un poco más allí.

Es completamente un cambio de paradigma. Para alguien que viene de este lado mundo, entender que el espacio público puede ser el protagonista y que como buen conector, abrazar cada barrio de esta ciudad logrando borrarle muy sutilmente sus límites, dejándole a la arquitectura el resto. La identidad.

Casco viejo en semana santa

Teatro Arriaga desde la ría

Aquí la planificación urbana es la madre adoptiva de esa antigua ciudad en crisis. Aquí la ciudad y todos sus elementos no sólo funcionan, sino que funcionan bien. Si no me cree, piense en un estadio de fútbol de nivel mundial en el medio de la ciudad, además piénselo como desembocadura de una calle llena de vida, bares y cañas. A lo anterior súmele el hecho de estar al lado de la universidad más importante de la ciudad y un poco más allá, la terminal de autobuses principal. Bueno, esto existe (San Mamés) y muy reiterativamente, funciona bien.

El hecho de recorrer la ría es toda una experiencia propia. Poder cruzarla en cualquiera de sus puentes, cómo jugando a saltarla de lado a lado. Bajar, subir, sentarse y mirar. Entrar a Abando, volver a la ría. Cruzar, adentrarse en el Alde zaharra (Casco viejo) cómo sin darse cuenta estar en el medioevo mismo adaptado a la cotidianeidad contemporánea. Seguir, Saludar la iglesia de San Anton, casi despidiéndose de las zazpi kaleak. Volver a Cruzar y mirar una última vez la ría desde el barrio “Bilbao la Vieja”, parar, coger fuerza (y una copa) y guardar el sutil placer de recorrer una ciudad, una ciudad que funciona espectacular.

Escaleras del Museo Guggenheim

El país vasco tiene su propia historia latente en el tiempo. Tanto su origen como su resistencia a adaptarse a procesos mundiales de globalización, han sido una constante histórica tal como la esencia que reflejan a través de su idiosincrasia y de sus ciudades. Bilbao, aunque personal y cariñosamente Bilbo, es el reflejo de la evolución independiente de una forma de ser propia del pueblo euskaldun, y su actual forma de entender la ciudad, desde la planificación y el espacio público, es un ejemplo de sutileza que se debiese tener al pensar e incluso re pensar una ciudad.

Me tomo el atrevimiento de citar a una amiga que al referirse a los vascos habla de “seres superiores”. La verdad, no sé si sea tan así, pero en la forma de crear y llevar sus ciudades, creo que todo el resto del mundo tenemos algo que envidiarles y replicar.

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Texto e imágenes: Francisco Guerrero

Sobre el autor: Francisco Guerrero es Arquitecto Universidad de Valparaíso (2014) y Máster en intervenciones sostenibles de la Universidad Politécnica de Catalunya (2017). Actualmente es encargado nacional de vivienda en la fundación Urbanismo Social y paralelamente se desempeña como docente de taller de arquitectura en la Escuela de Arquitectura UTEM. Estuvo en Bilbao en 2016 y 2017.

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