10 CIUDADES 10 ARQUITECTOS

T2 | Capítulo 01: Sydney, la democracia del buen vivir

por Alejandro Lizama

 

Un martes cualquiera, cerca de las cuatro de la tarde de un soleado día otoñal, mientras disfrutaba de la playa más turística de Sydney se instaló a mi lado una familia. Por sus ropas noté que los hijos venían del colegio y sus padres del trabajo. Los observé cambiarse en la parte trasera del auto, los trajes de ciudad dieron paso a los trajes de agua. En pocos minutos ya estaban surfeando junto a otros cientos de aficionados que hacían lo mismo en las olas del Pacifico Oceánico. No mucho después vi como salieron del agua, se ducharon en un tótem que había en la misma playa y prepararon un asado en las parrillas eléctricas públicas dispuestas en el parque del borde marino, hasta que el sol se escondió.

Esa escena me quedó grabada. Fue el primer día de una corta escala por Sydney algún día del 2008. Mis vivencias de chileno (y más aún capitalino) se habían visto drásticamente cambiadas sobre lo que yo consideraba un martes común y corriente. Me acordé que de niño me sentía afortunado si alcanzaba a ver a mi padre un rato antes de dormir durante los días de semana.

Años antes y por la TV, los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 me habían creado una llamativa imagen de la ciudad. Y en los pocos días que estuve experimenté una ciudad participativa, cosmopolita, de abundantes áreas verdes, espacios públicos, con buena conectividad y excelentes playas. En resumen, percibí una ciudad de una enorme calidad de vida, concepto tan en boga por estos días. Me juramenté volver a Sydney en algún momento y, casi una década después, cumplí y volví para quedarme por casi dos años.

Shelly Beach, Manly

Surf y Skate en Manly Beach

Los comienzos de Sydney no fueron muy alentadores. La ciudad fue fundada por británicos con el fin de crear una colonia penitenciaria. Poco después, entre las enfermedades acarreadas desde Europa y violentas batallas, los mismos se encargaron de exterminar casi la totalidad de los pueblos aborígenes de la zona, en un genocidio que ya se había visto en otras partes del mundo.

Hoy, como en una paradoja del destino, existe en la misma área de su fundación, el Sydney Central Business District (CBD), lugar que muestra la cara más próspera de la ciudad moderna. Son tres kilómetros cuadrados de vida financiera, cultural y gastronómica sumamente atractivos, especialmente por hechos como las restricciones a vehículos motorizados que potencian la vida del peatón, que se vuelve el usuario principal del centro. Mientras se camina por aquí aparecen importantes iconos de la ciudad, como la Biblioteca, el  museo Art Gallery of NSW, la Catedral de St. Mary´s, el Queen Victoria Building o el Town Hall, todo una gran mezcla de influencias británicas, renacentistas, bizantinas y góticas, algo similar a lo que ocurre en la ciudad de Nueva York.

En este mismo centro se alza el muestrario de la arquitectura contemporánea local, generando el nuevo skyline de la ciudad, concentrando grandes rascacielos de variadas formas y materialidades. Algunos de ellos parecen algo sobrecargados, cuestión que se puede asociar al ímpetu y a la gran cantidad de recursos disponibles, pero en su mayoría tienen algo en común que funciona: su llegada al piso, su relación  y encuentro con el espacio público, atributo a mi juicio invaluable, pues no lo vemos muy a menudo en nuestras ciudades.

Bahía de Sydney

Esto no es al azar o fruto de que los australianos sean grandes arquitectos, es sencillamente por una serie de decisiones y esfuerzos políticos tales como el incentivo a la realización de concursos de arquitectura para los edificios de gran envergadura, pagando a quienes participan e incorporando jurados de excelencia, generalmente conformados por profesionales y ciudadanos. Lo que es inicialmente un gasto para el propietario al proyecto lo recompensa después con un beneficio de un 10% extra de superficie a la permitida inicialmente. Finalmente todos ganan, pero principalmente gana la cuidad. ¡Vaya idea!

Como si fuera poco, el CDB esta abrazado en toda su ala Este por una gran franja verde, conformada por el Royal Botanic Gardens, y su continuación llamada Hyde Park, lo que genera un gran pulmón verde con variados programas y servicios, equivalente a un tercio de la superficie total del centro. Un lugar ideal para el esparcimiento de la única área realmente densa de la ciudad. Una que está en constante movimiento, condensando la recreación con lo cultural gracias a exposiciones, conciertos al aire libre, infinidad de mercados y con constantes eventos como el mundialmente conocido Vivid Sydney, festival de luces que empapa la ciudad de arte y música.

Este genial recorrido del centro finaliza y comienza en la costa, en un punto clave llamado Circular Quay, terminal de ferris, metro y buses que une el centro con todos los suburbios de la ciudad. Esa conectividad le otorga la libertad a cada habitante de vivir donde quiera. Esto tampoco es casualidad pues desde mediados del 1800, gracias al oro y la ganadería, y hasta la actualidad, se invierten cuantiosas sumas de dinero para conectar de buena manera la ciudad con carreteras, puertos, vías férreas y toda la trama de buses y metro.

Circular Quay

Circular Quay también es el centro neurálgico de un borde costero nutrido de cultura y restaurantes, y que refleja muy bien la mezcolanza cultural de Sydney. El reciclaje de construcciones portuarias ha sido la tónica de preservación y empuje hacia la modernidad, muy fructífero como inversión y también como imagen. Desde aquí, en una corta caminata, se llega al edificio más emblemático y no menos controversial de la ciudad: la Opera de Sydney, obra del arquitecto danés Jørn Utzon. Su imponente estructura de hormigón, sus grandes zócalos y escaleras no sólo representan la postal obligada de la ciudad, sino que también han creado un sentido de pertenencia para el ciudadano gracias a detalles que democratizan. Un ejemplo es que sin necesariamente tener tickets para un espectáculo se puede disfrutar, recorrer y vivir el edificio sin nadie invitándote a salir.

Ópera de Sydney

Festival Vivid Sydney

También a través del borde costero podemos recorrer el Museo de Arte Contemporáneo, el barrio fundacional The Rocks, y las zonas de Barangoroo y Darling Harbour, teniendo siempre a la vista el imponente Sydney Harbour Bridge, que conecta el centro con zona norte de la ciudad.

Tomando un ferry desde el Circular Quay se llega a las playas del norte, lugar donde elegí vivir. Un sitio parecido a todos suburbios de la ciudad, distribuido entre áreas residenciales y comerciales y donde prevalece la baja densidad, la homogeneidad  entre casas y edificios de departamentos –con promedio de cuatro pisos altura–  de pocas piezas, de buenas terminaciones, pero nada ostentoso. El lujo o la austeridad, según sea el caso, se dan al interior de cada departamento, por lo que hasta la entrada de cada uno son totalmente iguales. Hay cabida para todos: puede vivir una sola persona o familias de a seis. Yo tuve vecinos banqueros, obreros de la construcción, árabes y asiáticos, todo fluyendo con normalidad, sin necesidad de asegurar con llave la puerta. Las redes sociales no se coartan por la mezcolanza, al revés, en los muchos cafés puedes compartir experiencias con cada uno de ellos, algo difícil en Chile. Un efecto post dictadura, pienso, que delimitó las brechas sociales, culturales y de oportunidades, fragmentando la ciudad de manera irreversible.

Collins Beach

Tamarama Beach

Otra cosa curiosa es que las leyes de expropiación para áreas de uso público datan del siglo XVIII. Esto, sumado a un pujante interés por la conservación y el medio ambiente que tomó fuerza en la década del 70 y hasta la actualidad, son parte esencial de la agenda política y social. Entonces las áreas verdes se reparten en abundancia para toda la ciudad y existe gran preocupación por ellas; un buen ejemplo es que la limpieza de muchas playas y parques están a cargo de la comunidad cercana y ellos, sus habitantes, efectivamente se preocupan reconociendo la importancia que ocupan estos espacios en sus vidas.

En esta dinámica, el límite urbano está delimitado por importantes parques, como el de las Blue Mountains al Oeste y el Royal National Park al Sur, los cuales, junto a sus increíbles senderos y vistas, son altamente visitados por ciudadanos y turistas. Igualmente la costa de Sydney cuenta con infinidad de playas y quebradas con impresionantes miradores y senderos, copados de flora y fauna protegida. Cerca de mi departamento habían dos pequeñas playas, como calas, de una belleza impresionante y aguas de colores turquesas. Ambas contaban con una zona grande de protección y me hacían pensar con angustia: si estuviéramos en Chile esto lo habría comprado un empresario, delimitándolo y creando un condominio para gente adinerada y fin del tema. Cruda realidad.

Sendero entre Bondi Beach y Coogee Beach

Piscinas en Bondi Beach

Aquí no, pues hay conciencia de que la vida al aire libre juega un rol clave para el bienestar de los ciudadanos. Por dar un ejemplo: en dos kilómetros a la redonda de mi departamento habían tres parques, todos con canchas de tenis, rugby, futbol, basquetbol, golf, piscina techada y bowling. Algunos de estos destinados principalmente a los jubilados y otros abiertos a todo público. Hay –igual que en las playas– baños, camarines, duchas y parrillas eléctricas públicas, implementos claves para convertir una ida al parque en  un verdadero paseo.

Todo invita a salir, incluso el transporte: los domingos el precio tiene un valor máximo, muy bajo, sin importar los viajes que se realicen en el día, por lo que toda la ciudad aprovecha para desplazarse a las playas, a los parques o en mi caso al centro para disfrutar de los panoramas culturales y sus interminables bares.

Carriageworks Farmers Market

Es un esfuerzo conjunto que toma aún más fuerza en 1995, cuando se lanzó el plan ‘Ciudades por el Siglo XXI’, cuyo afán es incansable y enérgicamente buscar como avanzar en habitabilidad, equidad, eficiencia y calidad ambiental. Está claro que el país oceánico cuenta con recursos ampliamente superiores a los nuestros y a veces se hace imposible comparar, pero en Sydney las cosas no pasan solo por la riqueza y el desarrollo, sino que su éxito ha sido el resultado de una serie de decisiones en donde siempre se buscó privilegiar por sobre todo el buen vivir de todos y para todos.

Yo viví como una persona normal, fui desde jardinero hasta arquitecto, pero siempre fui valorado de la misma manera. Y, sobre todo, fui valorado por la ciudad.

Texto e imágenes: Alejandro Lizama

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Sobre el autor: Alejandro Lizama es arquitecto de la Universidad Diego Portales (2011) y ha ejercido la profesión en Chile, España y Australia. Ha viajado por mas de 40 países para comprender las culturas y sus ciudades. Actualmente se desempeña como arquitecto en su propia oficina, ESTUDIO AL. Vivió en Sydney durante el 2016 y 2017.

One thought on “10 Ciudades 10 Arquitectos | Capítulo 01: Sydney, la democracia del buen vivir”

  1. Extraordinario artículo, que transmite con mucha claridad lo que se vive y se aprecia en la maravillosa ciudad de Sydney y sus alrededores. 👏👏👏

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