10 CIUDADES 10 ARQUITECTOS

Capítulo 04: Lisboa, al este de los azulejos

por Consuelo Araneda

 

Por esos meses de la primera mitad del año el sol va levantando, dando espacio a nuevos olores. Componemos la historia con la alegría de primavera. Las fachadas de cualquier lugar se visten de color con esos fascinantes y tan característicos azulejos pintados a mano. Piezas de puzzle que forman la paleta que tú quieras, que tomarán el color del sentimiento que las tiña; hoy, amarillo intenso.

Subir por las callecitas de Alfama, el barrio más antiguo de la ciudad ubicado hacia el sur por la ribera del río Tejo y hacia arriba por el cerro. Al llegar a la esquina un bar de barrio. Con casi un milenio de historia el sector guarda en sus rincones los relatos de aristócratas, trabajadores, religiosos e inmigrantes que sentaron las bases del Portugal que conocemos hoy. Por momentos pareciera estar en Venecia con la pendiente de Valparaíso, lleno de caminos estrechos y sinuosos, en que muchas veces no pasan autos y es tanto más agradable así. El pavimento suele ser de piedras cortadas en trozos pequeños e irregulares y, a veces, de mármol de diferentes colores que van formando distintos diseños en cada tramo. Esta característica se repetirá más adelante en toda la ciudad. De las ventanas cuelga la ropa recién lavada. Siempre he creído que en las ventanas del mundo, esos vanos inevitables de los edificios, se vislumbra la esencia de lo que hay dentro y no podemos ver. En esos marcos rectangulares, uno al lado del otro, se encuentra el ritmo justo para caminar.

Barrio de Alfama + Galerías en Plaza del Comercio

En Lisboa pasas desapercibido, sin darte cuenta eres uno más. Nadie se va a detener, nadie se va a sorprender, la vida pasa con o sin turistas. Muy distinto a otras ciudades europeas en que el límite entre los locales y foráneos es patente. Tanto como camines a tu ritmo y escuches la ciudad, te sentirás en casa.  Somos en la medida del movimiento; existimos en la dimensión dinámica del tic tac que nos dice que ya es hora de un café.

La Rua Augusta, con una prestancia digna de la realeza llegas a la Plaza del Comercio, es el escenario perfecto para reconocer el río como uno de los elementos fundacionales de Lisboa. Llama la atención su configuración clásica con galerías en los bordes, pero con una cara abierta hacia el agua, similar a lo que ocurre en la plaza principal en Trieste. Destaca el diseño –una vez más– del pavimento con colores y texturas delicadamente escogidas. Pausa.

Plaza del Comercio

Desde las alturas en el Castillo de San Jorge se puede reconocer la estructura de la ciudad, con sus muchos tejados en rojo arcilla, las ruas  principales y el borderío. A pesar de las filas de turistas para conocer las ruinas el lugar es generoso y calmo, como si los siglos absorbieran el ímpetu de las masas. Al fondo, humilde y simple, el proyecto de Carrilho da Graça para la conservación y puesta en valor de algunos de los vestigios arqueológicos del complejo destaca por sus soluciones constructivas bien pensadas y contraste de materiales.

Desde el Castillo San Jorge

Bajar y volver a subir al otro costado del centro, en el Chiado, un sector de arquitectura neoclásica, de calles más amplias y el clásico tranvía. Cafés, tiendas, librerías y museos, la bohemia chic de Lisboa. Por un par de cuadras es como andar por París, pero con una cadencia que le es particular al portugués. Ahora nuevos diseños en el pavimento. Otra pausa.

Tranvía y ventanas en el Chiado

Hacia el comienzo del verano los días se pusieron más largos y felices, tomando vino al atardecer con un pastel de nata bien dulce. Desde la plaza se escucha a unos músicos tocando jazz, el sonido justo para una ciudad que sonríe con cada rayito de sol. Algunas noches llueve  y por la mañana los azulejos resplandecen, aún más vivos, con colores en alta definición.

Barrio de Alfama

El momento ideal para salir del centro, tomar el metro y visitar el Parque de las Naciones. De pronto pareciera viajar en el tiempo y llegar a la actualidad, con edificios grandes, contemporáneos, avenidas amplias, una configuración urbana conocida. Este sector fue construido hacia el fin del milenio donde se celebró la Exposición Mundial, por lo mismo es algo así como un parque de diversiones para arquitectos. Destaca el pabellón de Siza con una cubierta que más pareciera un liviano género tendido que una losa de hormigón armado. Una vez más el espacio público que soporta todos los pabellones muestra diseño y preocupación, de la misma manera que lo hicieron siglos atrás con el diseño de los pavimentos de piedra por toda la ciudad, lo conservan reinterpretando con nuevos materiales y vegetación. Bajo los árboles y junto a la fuente de agua hacemos otra pausa.

Pabellón de Alvaro Siza

El regreso lo acompaña Monsieur Periné, sonidos desde el otro lado del océano que hacen sentido para el sabor y caribe que lleva dentro este pueblo de Europa. La gente es feliz, se mueve con soltura, con ganas, con cercanía y al mismo tiempo correctos al pararse siempre del lado derecho de la escalera mecánica. Es una mezcla extraña la verdad, pero que les queda bien, algo así como lo mejor del viejo continente con una cuota necesaria de tumbao latino. De lo bueno, lo malo, lo feo, lo verdadero y lo colorido así es Lisboa.

Parque de las Naciones + Fachadas frente al Rio Tajo

Los días que siguieron fueron para recorrer los alrededores, de los que destacan Sintra y Cascais a sólo una hora en tren. El viaje recorre toda la ribera, mostrando hacia un costado el agua y hacia otro la panorámica de edificios y parques hasta salir de la ciudad. Algo nuestro queda atrás al irnos de un lugar, seguimos ahí a pesar de habernos ido y hay partes de nosotros que sólo encontraremos de nuevo al regresar.

Sin lugar para titubeos, para medias tintas, o cualquier intento que no signifique disfrutar y dejarse sorprender por cada rincón de esta cálida ciudad. Lisboa es un lugar para sonreír, sonreír subrayado. Para disfrutar el regalo de la vida de tomar un vino mirando al río Tejo y ver como las personas se saludan al pasar.

 

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Texto e imágenes: Consuelo Araneda

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Sobre la autora: Consuelo Araneda Díaz es Licenciada en Arquitectura de la Universidad de Chile. Actualmente trabaja como coordinadora de comunicaciones del Grupo Arquitectura Caliente y ayudante del departamento de urbanismo de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile. Estuvo en Lisboa en abril de 2018.

6 thoughts on “10 Ciudades 10 Arquitectos | Capítulo 4: Lisboa, al este de los azulejos”

  1. Qué alegría me da leerte Consuelo, lo que dices de ese pueblo maravilloso, aunque sea por unos cuantos días yo lo viví… y es tan cierto eso de que allá puedes sentirte en casa, pasar “piola”, y gozar Alfama, con sus colores, sus azulejos, con sus vistas, con sus rincones, en fin. Muy buen artículo!

  2. Consuelo describe las impresiones que le suscitó Lisboa tal como un viajero lo haría registrando en su diario sus “crónicas de viaje”. Y celebro esta singular apreciación de Consuelo porque siendo arquitecta ha sabido dar relevancia a lo que interesaría al visitante común deseoso de impresiones, la mirada rápida, la imagen breve que asombra o emociona. Ella ha sabido prescindir de todo lo técnico y profesional- salvo una breves y acertadas referencias- y no ha escrito para sus colegas arquitectos sino para el viajero o el lector que se nutre de imágenes y sensaciones que perduran en la memoria.

  3. Me gusto mucho tu articulo. Captaste bien lo esencial de la ciudad., en lo cual creo que influyo tu sensibilidad de mujer. Seras una buena profesional, estoy seguro.

  4. Mi querida Consu, que buen relato de Lisboa!!
    Me maravilla tu capacidad descriptiva, desde tu observación de lo vivido, sentido, olido y disfrutado Lisboa!
    Lo que leo me invita a ir ahora ya!!!!
    Con urbanidad, humanidad y poesía!
    Felicitaciones!!!!!

  5. Muy bonita descripcion-relato .
    Estuve en Lisboa en 1972 Un día y por trabajo y no conocí tu Lisboa , es maravillosa.
    Ya leí el comentario de la mamá que comparto totalmente.
    Además le pedí que me invité cuando vaya Ya !
    Felicitaciones precioso artículo y muy invitados a recorrer Lisboa con tu artículo como guia

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