Rosario Moller | La naturaleza en lo cotidiano

Tal vez los chilenos estamos tan acostumbrados a vivir rodeados de una naturaleza diversa, omnipresente y a veces aplastante, que la relegamos hacia el fondo de nuestras prioridades. Sucede que cuando uno tiene las cosas tan a la mano, siempre disponible, se autoconvence de que acudirá a ellas cuando sea necesario, no todavía, pronto.

Pasa con los recuerdos, con los objetos y también con los lugares. Seguramente un europeo que habita alguna antigua ciudad repleta de monumentos y sitios donde se ha escrito la historia de occidente, no los conoce en su totalidad pues los tiene los tiene ahí, cerca, en la esquina, puede ir cuando quiera. Es mucho más probable que un turista, un visitante esporádico que dispone de poco tiempo se dedique a esa lista de hitos imprescindibles y los conozca al revés y al derecho.

Pasa con nuestra naturaleza. La reservamos para después porque está cerca todo el tiempo.

El trabajo de la artista chilena Rosario Moller se basa justamente en lo contrario, en la valoración de esa naturaleza que está tan cerca que pierde peso. Ella invita a lo contrario, a detenerse en la hoja del árbol de la esquina, en la rama caída y mil veces pisoteada por el transeúnte, en la raíz escondida debajo del macetero del vecino. En esos detalles encuentra el ejemplo para referir a toda la naturaleza de Chile.

Su exploración partió en Santiago. Acostumbrada a la vida de campo -se crió en las afueras- sintió una necesidad imperiosa por escapar del tedio urbano buscando recolectando elementos aleatorios de la flora que sobrevive en la ciudad. Hizo de ellos su motivación y el motor de su trabajo llevando cada especie de muestra a su taller para experimentar diferentes técnicas, siempre con el afán de encontrar la forma de guardar la grandeza de lo pequeño y rodearse de esa naturaleza que le hacía falta.

Su búsqueda la llevó después hasta la costa de la sexta región, en el anónimo balneario de La Vega de Pupuya, donde está radicada hace varios meses. En esta zona de arenales ventosos y húmedos ha trazado sus rutas de búsqueda y se ha topado con una gran variedad de especies vegetales cuyas formas alegres y sinuosas desfilan ante los ojos de todos sin que nadie se detenga. ¿Qué hacer entonces?

La tarea a la que se ha dado la artista es la de divulgar esa naturaleza del detalle desde su propio lenguaje, el arte, para así poner sobre la mesa aquellos elementos cotidianos que parecen mínimos, insignificantes. Mediante la técnica del grabado en tela, papel y otras superficies experimentales, Rosario entrega un testimonio de la naturaleza silenciosa que nos rodea y la plasma en utensilios de uso común, como bolsas, cuadros, poleras, postales, elementos del día a día que se cruzan como un regalo ante nuestros siempre acelerados ojos.

Cada trabajo es único, no se repite ni se copia. Esto es su manifestación de principios, puesto que entiende que la naturaleza otorga a cada uno de sus elementos una singularidad propia, de la que no hay dos en el mundo, haciendo imposible de ser reproducida en serie.

Su trabajo ya ha sido expuesto en concurridas ferias y muestras de arte -desde exposiciones privadas hasta grandes eventos como la Jardinera VD- como un reconocimiento a ese esfuerzo diario, personal, por poner en valor nuestro patrimonio natural. Es justamente en esos esfuerzos pequeños y anónimos en donde se construye la cultura colectiva.

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Si quieres conocer más de su trabajo y futuras exposiciones puedes visitar aquí su Instagram

Texto: Gonzalo Schmeisser

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