UN PASEO POR OTRO SANTIAGO

por Consuelo Araneda | *Para Santiago Adicto – @santiagoadicto

 

“Hay ciudades que permanecen como meras imágenes visuales al ser recordadas, y ciudades que se recuerdan en toda su vivacidad. La memoria vuelve a evocar la ciudad encantadora con todos sus sonidos y sus olores, con sus intercambio de luz y de sombra. En la placentera ciudad de mi memoria incluso puedo elegir entre la acera de sol y la de sombra.” – J. Pallasmaa

 

Llegó la primavera y con ella los paseos, las fotos, la gente en la calle. Desde comienzos de año con esta temperatura semi-estival que no disfrutaba de las calles con tanta calma y detención. Echaba de menos las caminatas en al atardecer por Santiago, sin frío, ese viento fresco en las mejillas. El sol, las lucecitas, los amigos.

¿Para qué ir al centro un fin de semana? No pasa nada, está muerto y es peligroso, mejor busca otro lugar.

Ese era el sentimiento que da –o daba en los 90’ y principios de los 2000– forma al centro de Santiago. Ahora se construyen nuevos escenarios en el damero, con otra paleta de colores para volver a dibujar la imagen de calles que antes sólo parecían vivir de lunes a viernes en horario de oficina. Con corbata apretada y camisa bien planchada.

Estacionamiento

Luego del almuerzo de sábado, visito el comercio por paseo Puente; ahí están los famosos pañitos al borde de la calle y las multitiendas que llenan el lugar. Gente, bastante gente, pero en formato fin de semana, de paseo, con menos corbata y más zapatilla. Menos ruido de micros también. Se ve incluso un tanto curioso que sólo algunas tiendas estén abiertas, la mitad tal vez, y el sector se vea activo de igual manera.

En esa calma aparente es posible disfrutar de los paseos peatonales, de los edificios de comienzos del siglo XXI, de las fachadas de los estacionamientos. Notar la cantidad de comercio, de bancos, de farmacias, así como sutilezas en el diseño de pavimentos que van marcando un ritmo en el recorrido.

Banco de Chile / Plaza de Armas

También toda la vida que hay en los pisos superiores, a veces de oficina, hoteles o departamentos que en los fines de semana gozan de la sombra y el silencio como pocas veces pueden hacerlo. Manzanas que se han ido repoblando, luego de que por muchos años el centro de Santiago fuese un lugar poco deseado, con el estigma de estar contaminado y ser feo. Hoy volvemos a apreciar las fachadas continuas, la altura media, la densidad equilibrada, con mixtura de usos y los tan famosos “ojos sobre la calle” de Jane Jacobs. La calidad de vida ya no es símbolo de una casa grande con piscina, progresivamente los citadinos buscamos ahorrar tiempo y taco, ojalá poder resolver el cotidiano a pie. Entonces aparecen las bolsas reciclables, la luminaria pública es en su mayoría led y el uso de la bicicleta.

De pronto en el trayecto aparecen las históricas galerías, de esas que atraviesan la manzana con locales de hace tantos años. Una estrategias de ocupación de los predios que permite maximizar las flujos y que generaciones pasadas conocían de memoria para caminar por el centro acortando camino. También imponentes edificios como el Banco de Chile, que por momentos es como contemplar una postal europea. Mientras le tomo una foto algunas personas se detienen a mirar qué es lo que observo y comentan lo imponente de su imagen, que con la velocidad de la semana pasa desapercibida. Es como descubrir un mundo nuevo con un perfume conocido.

Bandera

Nueva York | Comercio

El perfil de la calle permite transitar cómodamente, incluso en los puntos cercanos a las multitiendas en que se aglomeran más personas. Al llegar al cruce entre dos peatonales se multiplica el espacio, como un claro en el bosque. Ingresan los últimos rayitos de sol y vemos a lo lejos la Plaza de Armas y el Cerro San Cristóbal. En los cuatro bordes los bolardos en un diseño único de este sector, que comienzan a encenderse mientras cae el sol.

Por Bandera la percepción cambia, automáticamente bajamos el ritmo, hay niños jugando entre los colores y vemos más de alguna pareja tomándose una selfie. Nos sentamos en cubo verde, bajo el famoso puente que une dos edificios en las alturas. Las fotos, un café, los libros.

Al fondo se asoma la calle Nueva York, una parada imperdible de este recorrido. Otra postal extranjera, que marca la nota distinta en la cuadrícula regular. El umbral justo entre la gran Alameda y la escala acotada de las manzanas fundacionales.

Morandé

Paseo Ahumada

Ya es de noche en este otro Santiago, esta ciudad cada vez más interesante, en medio de un país que crece, cambia, se tiñe de colores y matices que hacen más feliz sus calles. 

A las 22:00 ya no queda casi nadie, en la Moneda no pasa nada, sólo la guardia de rigor y un silencio sobrecogedor. Por los paseos peatonales un montón de bolsas de basura, un señor sentado en la esquina toma de su botella, al fondo los quitasoles cerrados de un café. Buenas noches, hasta mañana a las 8.00h.

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Texto y fotografías: Consuelo Araneda

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