No recuerdo tu ausencia

He aquí las mariposas de colores diversos reunidas en estos lugares de papel. Confundidas. Distintas. Tal como en mi vivieron antes de destinar el vuelo hacia la forma. Claras, alegres o livianas, o lentas o desesperadas, pero todas volando desde el mismo motivo: una tentación de volar. Este es mi oficio, pintar las mariposas, nutrirlas con mi polen y echarlas a volar. Para desempeñarlo estoy parado entre las cosas y yo mismo, y según he mirado a izquierda o a derecha, ha sido diferente el vuelo y el color. Este es mi oficio, crear las mariposas y echarlas a volar. Me remunera el verlas llenando mis espacios. No he pretendido nada más. Ahora, como pueden deshacerse en el tiempo, prefiero que se sequen en un libro.

                                        Julio Barrenechea – El mitín de las mariposas

Cuando algo ha hecho falta desde hace ya largo tiempo, es difícil identificar su ausencia. Es como esa idea en la punta de la lengua que abruptamente se devuelve a la boca, y luego no puedes recordar qué era. Cuando estas ideas tienen alas y aletean intermitentemente, entre breves pasajes, poemas y mitos, se vuelven fugitivas que escapan con una suave estela de polvo detrás, apenas revelando su escurridizo camino.

La ausencia de lo pequeño en nuestra valorización del mundo se contrapone a la embotadora fascinación por lo macroscópico – ya sean estrellas, años luz, velocidades o tamaños inconmensurablemente grandes- lo pequeño se olvida, o es abandonado a su suerte en una cajita de nostalgias. Sin embargo, no podemos negar la existencia de algunas odas a lo minúsculo, tal como el documental francés “Microcosmos”, el cual relata las gestas de los pequeños habitantes de la hierba, quienes viven batallas, amores y odios bajo nuestros pies, o volando apenas visibles por el rabillo del ojo.

Al respecto, la escasa presencia de las mariposas en la mayoría de los relatos de las distintas culturas en Chile es un misterio, ¿será que con el tiempo han ido desapareciendo  de nuestras historias cotidianas? ¿O son tan pequeñas que simplemente nunca les hemos prestado atención? Tras diversas lecturas y conversaciones, en la cultura mapuche he encontrado solo una breve mención al paso, en el epew de Wanglen (o Wangülen), donde se dice que “al caminar descalza por las piedras y la tierra dura, sangró, y que su sangre se convirtió en la hierba, en flores y en mariposas”.

Otra historia que me ha maravillado es un relato de Ticnamar, localidad ubicada en la comuna de Putre (en la Región  de Arica-Parinacota), donde se dice que “el colorido de las mariposas proviene del día en que Dios terminó la creación y se dio cuenta de que no había pintado las flores. Mas, cuando comenzó a hacerlo, se le acabaron los tintes. Entonces aparecieron las mariposas y él les dijo que esperaran, que descansaría y crearía nuevamente colores. Las mariposas se pusieron tristes, pues muchas de ellas morirían sin verlos. Las flores, compadecidas, invitaron a las mariposas a que se refregaran en sus pétalos multicolores y por eso las mariposas se tiñeron de varios colores. Al despertar, Dios se alegró de la amistad que había nacido entre flores y mariposas (Escuela El Marqués en Montecino, 2003).”

Es curioso que las mariposas en los mitos estén siempre asociadas al mundo vegetal, pues efectivamente existe una estrecha relación entre mariposas y vegetales, la cual permite que estos insectos sea son usados como bioindicadores, es decir, medidores del estado de salud de los ecosistemas. Mientras mayor sea la diversidad de plantas de un determinado lugar, mayor sería la diversidad de mariposas asociadas a ese ambiente, por lo tanto, como los anfibios en los humedales o las diatomeas (pequeños microorganismos que habitan el agua) en los ríos, las mariposas  permiten conocer el estado de salud de los ecosistemas.

La observación de las mariposas de un lugar es como tomar el pulso de esa comunidad biológica, lo cual se hace con paciencia y delicadeza. Sin embargo, a lo largo de Chile, la acción de la ganadería, la agricultura, la minería, la sustitución del bosque nativo por plantaciones de pino y eucalipto y la expansión urbana están amenazando la supervivencia de estos insectos, arrinconados por el progreso de una sociedad con buena vista para las cosas grandes, pero con miopía para ver los pequeños habitantes del bosque.

Descubrimiento: para saciar la curiosidad del alma

Las dos breves menciones a las mariposas expuestas más arriba son pequeños descubrimientos que atrapamos en la ecología de los mitos. Para Dubi Benyamini, entomólogo israelí, así como muchos otros biólogos, Chile es un país de gran interés dado el alto endemismo de especies que habitan nuestro territorio (endémico quiere decir que solo habita ese lugar del planeta). Para los biólogos en terreno, ahí afuera siempre en búsqueda de nuevos enigmas, es común la frustración, con reiteradas salidas a terreno sin encontrar nada. Para nosotros, los arqueólogos de la memoria, es similar. Estamos buscando a las mariposas escondidas en los cuentos alrededor del fogón, los mitos y leyendas que aletean por los campos, en la tradición oral de nuestros pueblos.

Con el creciente interés en caminar por los cerros y bosques urbanos, o visitar parques y reservas naturales, hay una ola de excursionistas explorando nuestro territorio. Creo que las reiteradas crisis socioambientales nos han puesto en alerta y han gatillado un renovado interés por la naturaleza, parte de un nuevo naturalismo, el cual comprende la revitalización de la observación y el descubrimiento para saciar el alma. Sigamos buscando las mariposas en la punta de la lengua, mientras ya comenzamos a soñar nuevos mitos, siempre y cuando logremos cohabitar con ellos y no destruir sus delicados hogares.

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Texto: Jens Benöhr

Referencias:

Barrenechea, J. (1930). El mitín de las mariposas. Santiago: Editorial Minarete.

Montecino, S. con la colaboración de Philippi, L., Artigas, D. & Obach, A. (2003). Mitos de Chile: Diccionario de seres, magias y encantos. Santiago: Editorial Sudamericana.

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