Música y Paisaje | Parte 1: Desierto

Hace algún tiempo, me topé en internet con un curioso video de los californianos Edward Sharpe & The Magnetic Zeros. El video parte con una imagen totalmente bizarra: un tipo vestido de blanco, con una barba canosa cantando una especie de mantra en el desierto, con los ojos desorbitados y una guagua no muy feliz en sus brazos, botando saliva. Todo en desteñidos tonos, una típica filmación de los 70.

De pronto, y al mejor estilo de Stanley Kubrick en ‘2001, una odisea en el espacio’, el video se pega un gran salto de unos 30 años y aparece el vocalista Alex Ebert colgado de los pies también en el desierto, en un silencioso ritual que antecede el inicio de la canción.

El resto del video se reparte en imágenes de un aburrido niño vagando entre jirones de basura, jugando con objetos perdidos y su imaginación – un retrato de la infancia del mismo Alex – y un duelo con cuchillos del cantante ya crecido, con su padre, ya viejo. En una preciosa representación de la idea freudiana de ‘matar al padre’, o sea, volar con alas propias.

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Escenas del video ‘Desert Song’ de Edward Sharpe & The Magnetic Zeros

Mientras todo esto ocurre, la letra reza incansablemente un verso que dice: ‘Run to the desert, you will see all that you need to see’ (‘Corre al desierto, verás todo lo que necesites ver’). Supe después que esa parte era una evocación a su propia madre, y que el padre de Ebert era un hippie algo loco que llevaba a su familia al desierto de Mojave a purificarse, en largos viajes que el niño parecía aborrecer pero que hoy recordaba con nostalgia.

Lo que nos concierne es que, en este caso, el paisaje del desierto sirve para escenificar una historia de vida y describir la conflictiva relación con el padre, desde la metáfora de la desolación, el vacío, la ausencia. Términos muy ligados a la idea de desierto.

El desierto es un lugar especial e históricamente ha ejercido un magnetismo extraño sobre el hombre. La música, como expresión humana, ha caído rendida ante ese encanto, y ejemplos como el de Edward Sharpe sobran. Desde Frank Sinatra con su ‘Call of the canyons’, en que utiliza la figura del eco de los cañones para hablar de la frialdad de una relación amorosa; hasta R.E.M. con la enigmática ‘Low Desert’, en que se describe un forzado paseo por el desierto y la clásica pérdida de la noción del espacio-tiempo.

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Kim Gordon (Sonic Youth) y Michael Stipe (R.E.M.) con el poeta beat William S. Burroughs

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Lugar de la portada del disco ‘Welcome to Sky Valley’ de Kyuss

Otros como Sonic Youth con la oscura ‘Echo Canyon’, Ella Fitzgerald con su clásico ‘Caravan’ y Led Zeppelin con la estupenda ‘Kashmir’, también han caído bajo el efecto. Lo mismo Kyuss y todo el movimiento Stoner Rock, quienes no sólo tienen su origen en las secas tierras del suroeste norteamericano, sino que hacen del desierto parte esencial de su estética.

Mención aparte merecen Los Jaivas, con su elogio al desierto en su bellísima canción ‘Atacama’:

Aquí es donde las palabras pierden sentido 
Y el oído sirve apenas para mirar 
Aquí el cielo está más cerca, aquí en el desierto 
Y el indio hace de la sierra su gran altar 

Todos ellos se han sentido atraídos con la idea de atrapar un poco de ese paisaje y guardarlo en una canción, sin perjuicio del tipo de música que hagan.

¿Alguien encuentra alguna afinidad musical entre esas bandas?

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Valle de la luna en el desierto de Atacama

Pero quizás quien mejor personifica la relación música – desierto, es el bueno de Jim Morrison, quien habitualmente escapaba del asedio de la prensa y las fans internándose en los cañones, dunas de arena o planicies secas, cuaderno y botella de whisky en mano, a leer y a escribir bajo el abrasador sol de Mojave.

Existen bellísimas filmaciones de un barbudo Jim manejando su Mustang en pleno desierto, bailando muerto de la risa con unos niños o echado sobre unas rocas en un oasis. Ese video se llama American Pastoral (ver aquí), y fue filmado por petición de Morrison, quien quería honrar a su querido desierto con su música y su poesía. Un abrazo al paisaje desde el arte.

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Escena de American Pastoral

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Jim Morrison manejando por el desierto de Mojave

Este hecho no es casualidad: en el desierto tuvo su primera gran experiencia místico-traumática al presenciar, cuando niño y en primera persona, un accidente carretero en que murieron varios indios con los que Jimbo soñaba después; y del desierto salieron sus mejores poemas y canciones, probablemente porque vio en esa sensación de soledad, de vacío, la plataforma ideal para conectarse consigo mismo, para no perder la perspectiva. Y es justamente esa paradoja lo interesante del desierto, es que un lugar que parece muerto, totalmente falto de referencias humanas, es al mismo tiempo un lugar de conexión directa e inevitable con lo más humano del humano: su propio interior. Su microcosmos.

Tanto vacío, tanta amplitud, tanto cielo, tanto horizonte, que nos sentimos fuera de lo que comúnmente entendemos por mundo, y se nos hace necesario buscar las referencias dentro de nosotros mismos. Tal vez desesperadamente.

El desierto, en ese sentido, es un paisaje que no da tregua. Que descoloca. Como dice Michael Stipe en la ya mencionada ‘Low Desert’: This land could eat a man alive.

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Desierto de Mojave, Estados Unidos

Desde esa perspectiva, la música ha sido históricamente una expresión humana visceral, que fluye desde nuestras entrañas como una necesidad de llenar con algo el vacío. Una pausa que consiste en gritar, expresar, cantar, escribir, comunicar el miedo al inmenso espacio que se despliega ante nosotros. Ponerle un poco de techo a lo inmedible que se nos hace el mundo y que aquí en el desierto parece doler aún más.

La música viene a calmar esa ansiedad. O más bien, el desierto es como la vida y la música es la carretera que nos ayudará a atravesarla.

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Camino en el desierto de Atacama

El desierto entonces, como el lugar de la verdad, nos devela nuestra más honda miseria. Pero en medio del aplastante silencio, apenas adornado por el silbido del viento, alguna melodía vendrá para ponernos un chal en la espalda y decirnos que todo va a estar bien. Que hay una salida. Que se puede encapsular el vacío del desierto (y de la vida) con una poderosa herramienta llamada música.

Desde ahí, Morrison nos promete en su poderoso The End que si lo acompañamos al oeste – una forma de decir desierto para los norteamericanos, el lugar de los marginados -, él y sus amigos harán el resto: ‘The west is the best, get here, and we’ll do the rest’.

Jim será quien nos ponga el chal y nos salvará del vacío con alguna palabra hecha canción.

Texto: Gonzalo Schmeisser | Imagenes: Gonzalo Schmeisser – Youtube – George Gorgo Flickr – Mojave National Preserve ©

Para escuchar las canciones citadas:

Edward Sharpe & The Magnetic Zeros – Desert Song | Sonic Youth – Echo Canyon | Ella Fitzgerald – Caravan | Frank Sinatra – The Call of the Canyons | R.E.M. – Low Desert | Led Zeppelin – Kashmir | Kyuss – Welcome to Sky Valley | Los Jaivas – Atacama | The Doors – The End

 

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