Inventando un circuito en Torres del Paine – Parte 2 | XII Región de Magallanes

Continúa…

A la mañana siguiente, la carpa está hecha un desastre. El flaco fierro que sostenía el lado de donde venía el viento se dobló por la furia de las embestidas nocturnas. La lluvia persiste y hace tanto frío que en cualquier momento se pone a nevar. Mi ropa no termina de secarse aún, pero me la tengo que poner de nuevo.

Nos apuramos por enfilar hacia el sendero que lleva hacia el siguiente punto, el refugio ‘Paso de los perros’. En kilómetros no es mucho, de hecho es bastante menos que los dos primeros tramos, pero la complicación está en la escarpada geografía, pues el paso esta entre medio de los cuernos y más de la mitad del tramo está -nos informan- nevado.

La caminata parte sin complicaciones, más allá de una helada lluvia que congela nuestras manos. A medida que avanzamos, mis pesados pasos son presos de las zapatillas mal elegidas, y la ropa aún húmeda por dentro no ayuda. Ponerse una pesada mochila sobre una espalda húmeda es agobiante. El viento, que en la mañana parecía haberse calmado, vuelve a arreciar en cortas ráfagas recortadas que parecen empujones. Aún así, insisto y trato de no separarme del grupo, pues el enorme glaciar Grey me espera.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Camino hacia ‘Los perros’

Pero luego de un par de horas de caminata, en que la ropa empapada y las zapatillas sin suela se convierten en la peor carga, completar el tramo, más allá del último refugio, resulta impracticable. No hay necesidad de intentarlo siquiera. No tanto por la dificultad, sino que por mi escasa preparación y un equipo deficiente. Al llegar apenas al refugio ‘De los perros’ a guarecernos como se pueda, vaso de vino en mano para calentar el cuerpo, la conclusión es tan obvia como abrumadora: subestimar a la naturaleza es un profundo error.

Durante la noche el viento arrecia y la nieve golpea las ventanas. Nos enteramos que la tormenta no va a parar en las próximas 24 horas, y la gente de CONAF advierte que si se quiere cruzar el paso se debe ir muy preparado, que no dejarán pasar a cualquiera. Todos siguen menos yo. Me ofrecen una parka gruesa, pero no tienen zapatos para prestar. Fin del sueño.

3

Refugio ‘Las torres’

Relatar la vuelta está un poco demás. Bajo la incesante lluvia, la soledad y la frustración se apaciguan con las vistas impresionantes de los lagos que ya crucé, los árboles que ya admiré, los senderos barrosos que ya me guiaron. Me aprendí el camino de memoria y lo hago casi sin precauciones. Vuelvo en un sólo día hasta Serón y en media mañana siguiente estoy pasando por el camping base de las torres, para seguir en dirección al lago Nordenskjold, mi última parada.

4

Lago Nordenskjold

¿Y la foto de las torres?

Como una cuestión de honor, me niego a subir a la base de las torres y tomar la clásica postal. La ruta no fue completada. Esperaba que esa bendita foto fuera el corolario de una travesía muy esperada, el fin de la famosa O, el abrazo antes de bajar. Ante el nuevo circuito inventado, y que decido llamar Z, la foto sobra. Y, tácitamente, se transforma en la promesa de que habrá revancha. Mal que mal, no todos visitan tan impresionante parque dos veces en la vida y yo me juro que lo haré. Esa foto es la punta de la flecha que ya lancé.

Puede sonar conformista, pero algo es algo.

— 

Texto e imágenes: Mateo Gil ©

Entrada anterior
Documental ‘Wild Legacy´| Douglas Tompkins
Entrada siguiente
Francisco Gazitúa | Escultor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

Menú