Parque Nacional Lagos de Plitvice | Croacia

Los ‘Lagos de Plitvice’ (en croata ‘Plitvicka jezera’) es un reconocido parque nacional ubicado en el centro del país balcánico, a unas 4 horas por tierra desde la capital Zagreb. Sus casi 30.000 hectáreas son un elocuente muestrario de lo que es la geografía interior del país, así como un impresionante catalogo vivo de la curiosa flora nativa que crece en esta zona de Europa.

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Su composición vegetal – así como su compleja morfología – se nutre de sus dos grandes influencias: la región alpina y el mar adriático. De esta forma es posible encontrar especies tan diversas como abetos, pinos y especialmente hayas (cuyas hojas de un intenso tono verde claro se han convertido en un sello del parque), dependiendo de la altitud y el microclima en que se dispongan.

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Sin embargo, el gran protagonista del parque es el agua. Y es que sus innumerables cauces hidrográficos y manantiales que bajan desde la sierra – sumado a su accidentada geografía – han formado 16 lagos conectados por impresionantes cascadas que se deslizan por escarpadas laderas de piedra blanca. Esto, sumado a la pureza del agua y los minerales que arrastra, produce un intenso color verde visible desde cualquier lugar del parque y conformando una notable paleta de tonos verde azulados.

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Lo más llamativo de esto es la diferencia de niveles (el primer lago se encuentra a más de 300 m de altura sobre el ultimo) así como la diferencia de tamaños de los pozos (entre 6 km de longitud y 200 metros), lo que conforma una sinuosa secuencia de sugerentes formas que parecen sacadas de una obra digna del mejor paisajista.

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Sumado a esto, cabe mencionar el impecable trabajo de arquitectura del paisaje (cuyo autor no pudimos ubicar), y que hace posible adentrarse hasta el fondo de este abrumador paisaje. El proyecto dispone un recorrido de no más de 1,5m de ancho y que abarca más del 85% de la extensión total del parque, contemplando distintos pavimentos y tipos de suelos según el lugar, siendo posible caminar por terroríficos decks de madera bruta por sobre la poderosa corriente de algún curso, descansar el paso en apacibles senderos de piedra bajo suaves laderas repletas de vegetación o mojarse hasta los tobillos en caminos inundables de tierra apisonada convertida en barro por efecto de la brisa húmeda.

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Esta idea supone un ‘estar’ más que un ‘ver’, puesto que el orden que rige el recorrido permite transitarlo desde adentro, siendo posible situarse bajo una cascada y empaparse, meter manos y pies al agua u oler en primera persona el intenso aroma de un tronco húmedo.

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Un ejemplo claro, sencillo y honesto de que la buena mano del hombre, cargada de una sensibilidad con el patrimonio natural que define a un país, es capaz no solo de poner en valor un lugar sino que de invitar a apropiarse del paisaje, valorándolo desde la percepción y desde su propia crudeza. Un modelo que debiéramos imitar en Chile, y es que la potencia de nuestro capital natural es tanto o mayor que el europeo, solo falta tomar los buenos ejemplos y adaptarlos a lo nuestro sin ningún temor a equivocarnos.

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Y en cualquier caso recordar siempre lo que dice Jean Luc Godard sobre el robo de ideas: ‘Lo que importa no es de donde saques las cosas, lo importante es a donde las llevas’.

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Fotografías: Gonzalo Schmeisser © | Texto: Gonzalo Schmeisser

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