Los de antes
Los conquistadores
pálidos de miedo,
de horror,
entraron en los templos nativos.
Ciegos quedaron ciegos ante
el brillo de altares
elevados a dioses ajenos,
sin saber si eran ídolos nefastos,
demonios, voces del infierno,
qué serían.
No supieron oír
a las diosas de la tierra,
no supieron oír
a los dioses del viento.
Escaparon,
Desearon no haber visto,
pero fue inútil;
ya tenían adentro
el miedo al abismo
del origen,
a la vida del caos,
a la locura sin muerte,
a lo diferente.
Los indios habitaban
el mismo abismo
en el que el mundo fue creado,
y no querían abandonar
su Paraíso Perdido.
Pobres conquistadores.
Podían embarcarse,
volver a Europa
y sumergirse en las altas catedrales
que conocían de niños,
pero las selvas y esos templos
ya moraban en su interior.
Sin saberlo
– con sus ojos color de abismo-,
ya eran mestizos.
–
Texto: Miguel Laborde
Fotografía: Luna Figueroa



