10 CIUDADES 10 ARQUITECTOS

Capítulo 07: No me puedo aburrir de Hamburgo

por Valentina Silva

 

El paisaje es armónico, a pesar de estar sentada en la arena de la playa mirando el puerto con esas grandes máquinas y grúas, que deberían –o al menos eso es lo que había aprendido en mi formación– ser escondidas, relegadas. Pero acá están inmersas en el paisaje, no molestan, no interrumpen, la gente parece no percatarse que existen. Están todos en sus toallas, en grupos tomando sol, bebiendo cerveza, haciendo asados, mientras al otro lado del río Elbe las maquinarias se despliegan con orgullo, enmarcando el horizonte de la playa, trabajando para mantener arriba el título que ostenta orgulloso Hamburgo, ser el ‘segundo puerto más importante de Europa’.

Veo esto desde un restaurante y mirando el paisaje. Me siento en paz, diferente. Un mesero se me acerca y con su duro acento alemán me pregunta si deseo algo de beber: ¡sí, una Sprite Zero por favor!. Algo extrañado me responde que aquí no existe eso. Y es ahí cuando me doy cuenta de las sutiles diferencias que voy a notar mejor después: no estoy en una ciudad capitalista y tan falta de identidad como la nuestra; ahora vivo en un lugar que no está tan influenciado por la cultura americana.

Elbstrand

Han pasado cuatro meses desde ese momento y desde entonces no he dejado de descubrir algo distinto cada día. Es imposible no encantarse con una ciudad que ha sabido levantarse con tanta prestancia después de ser destruida casi completamente durante la Segunda Guerra Mundial. Se han ‘hecho cargo’ de lo que podría ser considerado malo. Han transformado la debilidad en una fortaleza, lo que a mi juicio es un gran ejemplo de desarrollo de ciudad.

Jungfernstieg strasse

Caminando por el ‘centro’, el perfil de la ciudad de Hamburgo es una línea continua de construcciones de aproximadamente seis pisos, de la cual sobresalen los altos campanarios de las iglesias. Todos estas edificaciones con fachadas similares que datan de finales de 1800 se han convertido en galerías y bulevares comerciales, una zona chic donde se encuentran las tiendas de mayor prestigio internacional. Por la única razón que estas fachadas se ven interrumpidas es para conmemorar edificios emblemáticos como lo es el Teatro Thalia, el cine Streit’s o el Ayuntamiento -o Rathaus como se diría en alemán-, que es un punto turístico recurrente en las ciudades alemanas.

Otro de estos edificios emblemáticos y que ha sobrevivido a las grandes catástrofes de Hamburgo es la Iglesia de Saint Nikolai, que hoy en día se mantiene tal y como la dejaron después del famoso Feuersturm (mejor conocida como Operación Gomorra) en la Segunda Guerra Mundial : alta, imponente, destruida en el presente como para no olvidar el pasado. Aquí otra diferencia. Esa concepción de no olvidar sino que aprender de lo malo y levantarse aún mejor es una idea que muchas veces en Chile no tenemos presente.

Rathausstrasse – Rathaus

Hansabrunnen, St. Georg

Pienso: quizás una de las primeras palabras que sirven para describir Hamburgo es organización, característica común de las ciudades alemanas. Con esto me refiero a que –si bien dentro del probable desorden que significa ser la ciudad más liberal del mundo, con su variada vida nocturna y su gran cantidad de prostíbulos visibles que pintan las noches hamburguesas– cada uso urbano tiene su lugar y su barrio.

Esto lo compruebo ahora, que es de noche y con un grupo de amigos decidimos salir de fiesta. ‘¿A dónde ir?’, preguntamos a los locales y la respuesta automática de los hamburgueses es siempre: ‘si quieren algo tranquilo pues a Sternschanze, pero si quieren conocer lo que realmente es la fiesta hamburguesa, entonces vayan a Sankt Pauli’.

Hacemos caso de la segunda sugerencia.

Con línea directa en el metro salimos a una calle llena de luces fluorescentes por todos lados. De pronto nos encontramos sumergidos en un barrio y un ambiente totalmente diferente a lo que es el resto de Hamburgo. El acceso principal está conmemorado por un gran edificio de arquitectura moderna con forma de Y desde donde se despliega la calle principal: Reeperbahn. Y luego de pocos pasos es claro que Hamburgo es como toda ciudad puerto, tal como dicta la norma: donde hay un puerto, hay un prostíbulo. Bienvenidos al barrio rojo de Hamburgo.

Este barrio fue desarrollado desde sus orígenes al margen de lo que era la prosperidad vecina de la ciudad y hasta el día de hoy se nota. La prostitución, la fiesta y la diversidad sexual forman parte de su paisaje nocturno. Música por todos lados, gente disfrazada para despedidas de soltero, gente borracha y drogada, vagabundos, extranjeros y alemanes, todos en la misma sintonía. Nadie molesta a nadie. Pero más allá de la caricatura, lo que se puede destacar de este lugar es que no es solamente famoso por el ruido, sino que por su historia marcada en su identidad de barrio rebelde, tolerante y libre.

Reeperbahn

Esto también se ve en uno de los emblemas del barrio es su equipo de fútbol, el F.C St. Pauli, cuyo estadio, Millerntor, se sitúa en el oeste como la catedral de la zona. Fin de semana por medio la afición por fútbol se desata y en las horas previas a los partidos del equipo local, pubs y calles se tiñen de blanco y rojo, llenándose de residentes y visitantes que acuden a animar al equipo pirata. A pesar de que juega en segunda división alemana, el equipo tiene una reconocida fama mundial, tanto por sus llamativos aficionados como por los valores que transmite: libertad, antirracismo, antifascismo y anticapitalismo.

Son las cuatro de la mañana y luego de cuadras llenas de sex shops, pubs, cabarets, discoteques, el desorden se termina y la tranquilidad y el orden vuelven a su sitio. El transporte público funciona más lento que en el día, pero funciona toda la noche.

Nos bajamos a una cuadra del departamento cuando un ratón cruza sin apuro frente a nosotros. Lo llamativo es que los hamburgueses lo ven como algo rutinario, normal. Mi primera reacción es pensar en el aspecto negativo: la poca higiene que significa su presencia en la ciudad. Pero pronto recuerdo una conversación que tuve con una profesora en Santiago, quien me contó una lección de cuando se construyó la Costanera Norte: el movimiento de animales en la ciudad es una prueba de que el corredor ecológico funciona, impidiendo que se generen plagas y desórdenes ecológicos mayores. Pienso ahora que con la cantidad de parques y canales que hay en Hamburgo, es imposible que no haya roedores y aves circulando por toda la ciudad. Bajo ese prisma, veo la aparición del ratón como algo positivo.

Un par de días después me dirijo a uno de los famosos parques hamburgueses a comprobar su importancia en el trazado urbano.

Goldbekkanal

Hamburgo es un gran corredor ecológico y no hay ninguna construcción o edificación que lo interrumpa. El Staadtpark, Aussenalaster Park, Planten un  Blumen, Altonaer Volkspark, Jenischpark, Schanzenpark, Walter-Möller Park son algunos de los grandes parques que tiene la ciudad. Todos ellos están conectados a través de los miles de canales que son atravesados por unos 2.500 puentes -más que Londres, Ámsterdam y Venecia- que permiten la libre circulación de los transeúntes en la ciudad.

Es Domingo en la mañana y esta soleado. Los parques están llenos de gente haciendo deporte y tomando cerveza. Acá todas las áreas verdes y canales son públicos. Los recursos naturales están explotados al máximo pero sin descuidarlos. El lago está regado de veleros, gente haciendo kayak, tomando sol, pero nosotros optamos por hacer stand up paddle como una forma de recorrer la ciudad desde el agua. Y es increíble ver cómo con un par de paladas te sumerges totalmente en la naturaleza. Los árboles son tan grandes y verdes, y están tan bien cuidados que crean una especie de túnel que se puede atravesar sólo por el agua. Me topo con familias de patos y de cisnes que se pasean libres entre los pequeños muelles, donde grupos de amigos toman sol y hacen asados sin molestarlos.

Aussenalster

Después de una hora remando el paisaje cambia: llego a una zona completamente industrial. Ya no hay árboles, los edificios son altos y las fachadas están a ras del agua. Y súbitamente, entre medio de esos edificios de ladrillo, surge una obra de arquitectura moderna, alta, imponente y elegante, que parece tener un cubo de cristal flotando en su parte alta. Es el teatro de la ópera, el Elbphilharmonie. Sin darme cuenta he llegado hasta HafenCity.

Speicherstradt

HafenCity es uno de los mayores ejemplos de desarrollo urbano en el mundo, consecuencia del esfuerzo de las administraciones locales y regionales por hacer de Hamburgo una ciudad importante. La base para concretar esta gran oportunidad serían los extensos terrenos vacíos del puerto histórico, que corresponde a unas 127 hectáreas aproximadamente. Un paño en desuso con la gran virtud de encontrarse muy próximo al centro urbano. Una operación que permitiría ampliar el núcleo de la ciudad.

Se ve como la creación de un espacio público de calidad fue una de las prioridades del proyecto. Paseos peatonales predominan sobre los vehículos y en sus cercanías se le ha dado preferencia al transporte público sobre el privado. A esto se le debe agregar uno de los problemas tradicionales de Hamburgo convertido en oportunidad: las periódicas subidas del nivel del río Elba. El parque incluye esas dos o tres crecidas de unos cuatro metros de agua para convertir el diseño de HafenCity en una escenario cambiante, dinámico y flexible.

Magellan-Terrase. HafenCIty Miralles-Tagliabue EMBT

Camino por una de las llamadas Marco Polo Platz y noto claramente como el diseño se basa en tres niveles de intervención: una plataforma flotante, una serie de paseos peatonales que se inundan dos o tres veces y un tercer nivel de paseo con elementos permanentes. En los peatonales se encuentran una serie de camas de madera, como decido llamarles, distribuidas de manera aleatoria, con una inclinación variable que busca el sol en distintos momentos del día.

Recuerdo lo que una vez un amigo alemán me contó su recuerdo de HafeCity de antes de la remodelación: ‘Era una zona prohibida, oscura e inundada completamente en invierno. Las casas estaban ocupadas por comercios ilegales de drogas y prostitución. Era el patio trasero de la ciudad. Nadie se iba a imaginar que hoy en día sería una de las zonas más caras de Hamburgo, que alberga las oficinas de grandes empresas y los restaurantes más costosos. Con un panorama nocturno que parte de ir a un concierto de opera en el Elbphilharmonie para luego terminar cenando en el connotado restaurante Strauch Falco’. Es increíble pensarlo estando hoy aquí, sentada en una de esas bancas movibles.

Marco Polo- Terrasse – HafenCity

Decido entonces detenerme, dejar que el tiempo pase y sentir un poco el espíritu del lugar, expresado en sus espacios. Aquí sobra paz y tranquilidad, y se me ocurre que no es sólo gracias a la excelente infraestructura que entrega, sino que se percibe también en el darse cuenta que las ciudades bien hechas son fruto de una buena organización entre todas las partes que actúan sobre ella. Hamburgo es un ejemplo de esa organización. Algo de donde sacar una buena lección.

Todavía me falta mucho por conocer, pero ya han pasado cuatro meses desde que estoy aquí y no me dejo de sorprender con esta ciudad tan bien pensada. No puedo esperar a ver qué pasa con su dinámica en invierno, cuando las horas del día sean contadas con una mano y la noche sea más larga. Cuando la gente salga igual a la calle y replete sus bares con temperaturas que a Santiago lo paralizarían. Cuando el río se desborde e inunde las calles de HafenCity, modificando sus plazas. Cuando haga tanto frío que el lago se congele y los patos vuelen hacia el sur. No me puedo aburrir de Hamburgo. Quiero ver mucho más.

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Texto e imágenes: Valentina Silva

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Sobre la autora: Valentina Silva es Arquitecta y Magíster en Arquitectura del Paisaje de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Durante sus trabajos universitarios desarrolló proyectos para la ciudad de Valparaíso, siendo expuesto uno de ellos en la Bienal de arquitectura de Valparaíso el año 2014 y posteriormente publicado en el libro “Proyecto Ciudad: Valparaíso” de la revista ARQ. Trabajó un año y medio en proyectos de espacio público y de arquitectura en Santiago en la oficina Lyon Bosch + Martic, participando de proyectos como el Eje de la Alameda y el Parque Metropolitano Sur en el Cerro Chena, este último el colaboración con la oficina de Teodoro Fernández, Premio Nacional de Arquitectura. Actualmente vive en Hamburgo.

 

5 thoughts on “10 Ciudades 10 Arquitectos | Capítulo 7: No me puedo aburrir de Hamburgo”

  1. La autora me pone en un dilema: por su excelente descripción del lugar y las percepciones vividas en cada lugar de esta ciudad alemana, puedo sentir a través de la visión de esta joven arquitecta que conozco Hamburgo, no obstante su relato me invita a poner esta ciudad como uno de los destinos prioritarios en el próximo viaje a Europa. Felicitaciones y muchas gracias Valentina

  2. Orgullosa de la hija de mi amiga anita.Ahora estudiara periodismo.felicitaciones muy bien redactado.Me dieron ganas de ir a alemania.justo hoy llego alla la pame

  3. Excelente descripcion de la ciudad desde la vivencia misma de Valentina. Me llevo por un tour imaginario que de solo pensarlo dan ganas de ir y descubrir por uno misma y disfrutar la organizacion de alli. Espero con ansias el capitulo que describa la ciudad en invierno.
    Felicidades por el articulo.

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