Lo que el tiempo se llevó | La casa de la familia Smith Miller en República

 

Lo que el tiempo se llevó | La casa de la familia Smith Miller en República

*Para Santiago Adicto – @santiagoadicto 

Es difícil no detenerse frente al número 550 de la Av. República. Una imponente casa estilo Tudor descansa moribunda frente a los transeúntes que, sin saber su historia, deambulan por el lugar.  En una lenta agonía, ha experimentado en carne propia el peso de sus 94 años de existencia. Hogar de familia, centro de la CNI, casa Okupa y abandono.

Fachada principal desde calle República

Fachada principal desde calle República

En esta importante avenida capitalina, fundada en los principios de la ciudad jardín que él tanto defendió, don Josué Smith Solar decide comprar un sitio para levantar su propia casa. En aquella ocasión y por primera vez, José Tomás Edison Smith Miller, su segundo hijo, se incorpora al oficio de su padre.

Es así como nace la firma Smith Solar y Smith Miller Arquitectos, quienes desarrollarán juntos emblemáticas obras como el Club Hípico de Santiago, la Casa Central de la Universidad Técnica Federico Santa María, el colegio Santiago College en Providencia, la fachada sur del Palacio de la Moneda, entre tantas otras.

Croquis de Josué Smith Solar

La construcción de la casa, de estricto estilo Tudor con tendencias medievales, se realiza en “albañilería con refuerzos de hormigón, permitiendo fachadas de ladrillo visto y estuco, con tímpanos que se elevan con ante techos antepuestos a las techumbres y chimeneas de hormigón”.[i]

El programa de la casa se desarrolla en cuatro pisos; zócalo, piso noble, segundo piso y tercer piso, para acoger a sus diez hijos, numerosos nietos y al personal de servicio. Su emplazamiento en sentido norte-sur, permite distribuir los recintos más importantes hacia el norte y las circulaciones principales y de servicios por el sur. Sumada a esta casa, construye la casa vecina por encargo de un doctor de apellido Ferrada, en el mismo estilo, formando un gran conjunto arquitectónico.

Ventanas en fachada norte

Dentro del partido general de la casa, llama la atención el especial tratamiento de los espacios exteriores. El jardín hundido, en el costado oriente del sitio, crea una interioridad y privacidad envidiable en la ciudad, permitiendo una salida directa desde el piso zócalo hacia el exterior. Esto, sumado al claustro central, en parte cerrado y en parte en forma de pérgola, logran un jardín excepcional.

Piscina en el jardín abandonado

Fachadas interiores

Tristemente, poco queda del esplendor de esa época. Nadie hubiera imaginado el destino que tendría la casa en donde Josué Smith Solar, junto a su señora Cecilia Miller, vieron crecer a sus hijos y nietos. El recorrido por su interior -en una fría tarde de Agosto- es sobrecogedor. Se respira angustia. Quizás por su pasado como centro de detención de la Central Nacional de Informaciones de Chile (CNI). Dicen incluso que penan.

Pasillos interiores

Detalle de pasamanos tallados en madera

Los rayados -esos que uno ve en calle y que tanto daño le hacen al patrimonio- están aquí por todas partes. Se apoderaron de todos y cada uno de los muros de la casa, como un parásito que necesita de otro ser para vivir; vestigios que quedan del habitar ilegal de un grupo de okupas que instalaron en esta casa el “Centro Cultural Aki”.

Los finos detalles de madera, que don Josué con tanta dedicación ideó para los revestimientos de los salones interiores, han sido arrancados de su lugar. Seguramente, esos preciosos revestimientos terminaron avivando el fuego de los okupas en una fría noche de invierno. Ventanas rotas, vanos sin puertas, lugares de acopio, olor a humedad, desconsuelo y aflicción. Todo esto es parte del imaginario actual de Av. República 550.

Jardín interior

Actualmente existe una iniciativa de la Corporación del Patrimonio Religioso y Cultural de Chile que tiene en comodato la casa junto con la oficina de arquitectura Mario Pérez de Arce y Asociados Arquitectos. Buscan recuperar la casa y convertirla en un centro de expansión cultural, ahora basado en el real valor patrimonial del inmueble y no en iniciativas débilmente sustentadas en el aprovechamiento mal entendido.

Por ahora nos conformamos -y esto ya es mucho decir- con el hecho de que, al menos, el tesoro arquitectónico que es la casa Josué Smith Solar permanece en pie… y el futuro asoma con esperanza.

— 

Texto: Nils Timmermann | Imágenes: Nils Timmermann + Diego Massardo

*Texto en base al trabajo desarrollado en la oficina Mario Pérez de Arce y Asoc. Arqtos. para el proyecto de recuperación y rehabilitación de la Casa Josué Smith Solar, el libro Smith Solar & Smith Miller Arquitectos del arquitecto Mario Pérez de Arce A. y conversaciones personales con Mario Pérez de Arce A.

[i] Pérez de Arce Antoncich, Mario. Smith Solar & Smith Miller Arquitectos. Ediciones Finis Terrae. 2011.

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2 Comentarios. Dejar nuevo

  • Que lindo saber más de la historia de estos lugares. Qué feo que todo lo que tenía que ver con el periodo de la Okupada sean en base a supuestos negativos, participe de ese proceso y el cuidado de la casa era fundamental para el centro cultural abierto a la comunidad y sin fin de lucro alguno (destacar que no era okupada habitacional sino cultural)

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    • Hola Felipe, gracias por tu comentario.
      Nosotros no pretendemos hacer un juicio de valor más allá de las pruebas visibles que tenemos. Valoramos y elogiamos la voluntad de ‘hacer’, sea lo que sea, especialmente si el hacer es en pos de una comunidad, desinteresadamente y con afán de crear. Sin embargo, y para esta columna, nos hemos remitido al estado en que la casa se encuentra, pura y llanamente como la encontramos hoy. Con esto, entiéndase bien, no queremos entrar en una discusión de recursos más o recursos menos, sino que dimensionar el estado de deterioro que la ocupación produjo sobre este patrimonio. Si bien entendemos al grafitti como un arte que en ciertos sitios es de alta relevancia, los muros rayados no son un aporte al cuidado del patrimonio bajo ninguna perspectiva. Lo mismo que el arranque de piezas de madera tallada o la quemadura de los pisos. Y aquí sí entramos en un problema de recursos, pues hay ahí un enorme costo asociado que alguien -que pretenda rescatar un bien nacional de alto valor- deberá desembolsar. Desde ahí deslizamos la crítica y esperamos sea recogida con apertura.
      Muchos saludos y nuevamente gracias por el comentario.

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