Un pacto honrado con la soledad | La buena vejez de la Remodelación República

 

Un pacto honrado con la soledad, la buena vejez de la Remodelación República

*Para Santiago Adicto – @santiagoadicto 

La historia es más o menos así: Chile es un país eminentemente rural a fines del siglo XIX, cuando estalla la Guerra del Pacífico y se anexan los territorios de Atacama. Nuestro límite norte, es ahora un gran desierto. De repente, todos quieren ser mineros.. claro, el nuevo territorio chileno estaba repleto de salitre, material base para hacer la pólvora, tan cotizada por la belicosa Europa de esos años.

El campo entra en una larga decadencia. Los antiguos hacendados ahora son prominentes exportadores mineros y la dinámica social rural entra en una fase de transición que se asemeja bastante al feudalismo, con señores y vasallos incluidos. De los que quedan más abajo en esa escala -cansados de eso de ‘A Dios rogando y con el mazo dando’- muchos no aguantan, sueltan el rastrillo, tiran la chupaya y parten con lo puesto a la bullente e industrializada capital, por esos años una imitación algo ingenua de París.

Ese evidente atraso, que terminará (aunque sólo de forma parcial) con la Reforma Agraria de 1962, provocó -entre otras cosas- la sobrepoblación de la que Santiago es víctima hasta hoy. Había que hacer algo urgente.

Tarde y como siempre reactivamente, Chile se pone los pantalones y en los años 50s y 60s se iniciarán una serie de políticas gubernamentales tendientes a densificar Santiago en altura para terminar con las tristes poblaciones callampas y los hacinados conventillos urbanos. Una de esas iniciativas es la Remodelación República, obra clave en la ‘edad de oro’ de las Unidades Vecinales de Santiago.

Una novedosa propuesta fue presentada en concurso público por los arquitectos Víctor Calvo, Orlando Sepúlveda, Vicente Bruna, Germán Wijnant y Jaime Perelman, ganando el derecho de ser uno de los primeros edificios de vivienda en altura de Santiago y el primero en ser impulsado desde el Estado, recién en 1967. Este hecho no es casualidad ni anécdota, hoy el conjunto es símbolo de un tiempo en que el país lidiaba con los problemas un poco más de frente. Un tiempo de más pobreza económica y menos presencia en el concierto mundial, sí, pero también un tiempo más honesto y menos artificioso.

Inspiradísimos por las revolucionarias ideas de Le Corbusier y el Movimiento Moderno, en cuanto a diseño urbano y desarrollo de vivienda colectiva, los arquitectos ganadores pensaron en la ocupación de la manzana desde el vacío. ¿Qué significa esto?. En términos prácticos, es destinar la menor cantidad posible de espacio a los bloques de vivienda, aumentar la altura de los pisos y liberar un enorme paño de área pública para el desarrollo de la vida comunitaria, en este caso dotada además de servicios básicos como almacén, farmacia y cafetería.

Esta idea de un gran vacío central, da igual importancia a la vida privada y a la colectiva de cada vecino, asumiendo que el conocimiento y reconocimiento entre seres humanos es fundamental para el fomento de la sensación de conjunto; una épica basada en la vida compartida, socializada, abierta, repartida: si falta el pan, no faltará una mano. Valga aquí el recuerdo para el gran Roberto Matta, quien solía decir ‘no me interesan las cosas, me interesa el espacio que hay entre ellas’. Aquí hay un ejemplo de esa utopía, en los amplios jardines que rodean a los edificios y que hoy comparten espacio a regañadientes con su majestad el automóvil.

Aun así, aquí las cosas sí son relevantes, pues los dos edificios que componen el conjunto y la plataforma comercial presentan una arquitectura notable, que juega con la idea de ser un mosaico de bloques independientes, superpuestos, individuales, cada uno en su propia ley pero respetando la armonía general. Una composición de fachada dinámica y vital, que hoy además parece revivir con el recuperado color rojo que distingue las circulaciones verticales.

Los edificios de la Remodelación República son tan distinguibles como los bellísimos palacetes góticos y afrancesados que la rodean, desplegados a lo largo de la calle República como testimonios de un esplendor antiguo que ya se fue. Es cierto que el conjunto no recoge nada de esa tradición, e incluso contrapone a su voluntad -los palacios pertenecieron a las clases altas santiaguinas que emigraron hacia el oriente y la Remodelación República se originó con el fin de dar hogar a las clases populares-, pero aún así conviven en armonía, fruto de un espíritu urbano que los hermana. Vicuña Mackenna -padre de los boulevards santiaguinos- estaría orgulloso.

 

Haga el ejercicio: un día de semana cualquiera bájese en la estación República del Metro de Santiago y camine hacia el sur. Si logra sortear el millar de estudiantes que ocupan las anchas veredas; si no se detiene en los carritos que ofrecen arrollados primavera y hand-rolls; si no se distrae con los jugos naturales y las hamburguesas de soya; si no se para a comprar pipas de agua, aros y otros artefactos; comenzará a notar que el ruido disminuye paulatinamente y la masa de gente se convierte en uno que otro distraído peatón.

Siga caminando y verá que los primeros edificios universitarios darán paso a añosos palacetes, algunos rehabilitados y otros a la espera. De repente, sienta como la densidad urbana desaparece de cuajo y, tras una larga bocanada de aire y una sensación de amplitud que marea un poco, aparecerán ante usted dos esbeltos bloques de edificios que se levantan orgullosos en medio del cielo. Luego de una pausa necesaria, ojalá con un café en la barra comercial, pregúntese si siente lo mismo que cuando camina por otras calles del centro de Santiago. Responda con sinceridad.

— 

Texto e imágenes: Gonzalo Schmeisser

 

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2 Comentarios. Dejar nuevo

  • Excelente articulo. Falta destacar la amplisima vision desde la altura porque hacia el sur cruzando Avenida Blanco desde la torre que esta a la orilla de República, se aprecian hectareas de verde por la presencia del Club Hipico. Y con Binoculares puedes ver hasta el caballo ganador.

    Dado que existen muchos palacetes y construcciones bajas a su alrededor tienes una mirada expansiva, soñadora en todas las direcciones. Desde mirar la cordillera hasta los atardeceres de la costa.

    Se siente una gran libertad desde una altura sin otras torres que te impidan la visión. Este es otro gran plus de estas torres.

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    • Muchas gracias por tus comentarios, Teo. Lamentablemente no tuvimos acceso al interior de los departamentos, pero imaginamos las vista despejada hacia el sur poniente. Algún día tendremos que completar la visita. Saludos!

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