Señales de humo
Bajó al valle,
entrecerrados los ojos
ante el brillo
de las ciudades.
Se cubrió los oídos
ante el estruendo de los aviones
y de ahí regresó a la colina,
la más alta.
Se sentó a lanzar columnas de humo
al infinito,
para que su hijo – que era yo- supiera
que hay otros mundos.
Observó el paso de una nube,
contempló el viento
que llegó del norte,
vio perderse el globo
del niño,
y manchó sus pulmones para ver
las volutas de humo.
Hasta que llegó la brisa
que antecede a la aurora.
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Texto: Miguel Laborde
Fotografía: Fabiana Calderón



