Senderos en Laguna Tebinquinche | Atacama

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La Laguna Tebinquinche es uno de los 4 grandes cuerpos de agua presentes dentro de la extensión del Salar de Atacama. Es una de las más visitadas por los turistas – especialmente para contemplar sus coloridos atardeceres – y presenta dos particularidades con respecto al resto de las lagunas del salar…

La primera es la gran concentración de sal no petrificada en la superficie, lo que le otorga al lugar un aspecto de una amplia llanura nevada en pleno desierto.

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La segunda singularidad es la baja profundidad del agua en la superficie, cuya fuente son las vertientes andinas que se refugian bajo la tierra en la zona de la baja puna, alimentando de agua y sales la extensa llanura comprendida entre la Cordillera de los Andes y la Cordillera de Domeyko. Esta baja profundidad hace a la laguna asimilarse a un gran espejo sobre la extensa vastedad del desierto y, antiguamente, la posibilidad de sentirse caminando sobre el agua en algunas épocas del año donde hay menor evaporación superficial.

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La majestuosidad del paisaje y su cercanía con los principales centros poblados de la zona, le han dado a la laguna un cariz de atractivo turístico de amplio alcance hace bastantes años, cuestión que la ha ido dañando paulatinamente. El alto numero de visitantes al año ha provocado la erosión antrópica los bordes entre agua y sal, mermando su estructura natural y espantando a la escasa fauna que circundaba años atrás por el lugar.

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Para evitar un desastre mayor, las comunidades atacameñas que administran el lugar decidieron acotar el campo de acción de los visitantes mediante la construcción de senderos y puntos de observación del paisaje, que condicionan el desplazamiento de usuarios a pié o en vehículos. A fines de Octubre del año 2014, y con apoyo de distintas ONG que incentivan el turismo sustentable, se inauguraron las obras que pretenden cambiar el uso y regenerar la composición original de la laguna.

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El resultado es un trazado de senderos de 2 metros de ancho, que describen diagonales sobre el terreno cuya delimitación está dada por placas de acero de 15 cm de ancho empotradas en el suelo, todo esto coronado por amplios miradores en puntos estratégicos del trazado que resguardan el paso hacia la laguna con pequeñas señaléticas impresas en vacío en placas de acero cortén.

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La superficie habitable del suelo es de tierra compactada y el material de relleno para los espacios interiores entre senderos es de tierra y piedras de lugar.

Esta simple intervención, que no pretende ser más de lo que es, tiene en poco tiempo dos notables logros: primero recuperar el rol del viento en el peinado de la superficie salina de la laguna, eliminando paulatinamente las huellas humanas que hasta hace muy poco estaban presentes en cada rincón, y segundo poner en valor las vistas privilegiadas que se logran desde aquí de la dimensión territorial del desierto, incentivando el andar y el percibir e invitando a detenerse y contemplar la vastedad del paisaje del desierto.

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Fotografías: Gonzalo Schmeisser © | Textos: Gonzalo Schmeisser

 

 

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