Paisajes colaborativos: tejiendo redes y abriendo territorios

La competencia y la colaboración son dos caras de la misma moneda evolutiva. Ambas son interacciones biológicas, pero en la primera los participantes se ven perjudicados por la relación y en la segunda se benefician de esta (Begon, 1996). La visión de la evolución como una eterna y sangrienta competencia entre individuos y especies es una distorsión popular de la noción desarrollada por Charles Darwin de “supervivencia del más apto”.

En los últimos años, esta idea está dando paso a una nueva visión de cooperación continua, interacción fuerte y dependencia mutua entre las formas de vida. Lentamente, un nuevo relato evolutivo está cobrando fuerza: la vida no se apoderó del mundo por el combate, sino por la creación de redes (Bastolla et al., 2009). Las formas de vida se multiplicaron y adoptaron formas más complejas cooperando entre sí. Incluso, investigadores postulan que la colaboración ha sido una estrategia de supervivencia utilizada desde el inicio de nuestro origen como bacterias (Margulis & Sagan, 1997).

Maíz de colores

Algo similar está ocurriendo a nivel territorial, donde los valores -como la competencia y el individualismo- que han determinado las relaciones entre entidades sociales desde la industrialización, están en crisis y nos están llevando al colapso. Existen excesivas contradicciones entre los discursos, normas y procesos territoriales que nos han llevado a un modelo de desarrollo insostenible y un amplio catálogo de malas prácticas.

En todo el planeta se encuentran paisajes con su identidad devorada, debido a la dilapidación del patrimonio, recursos naturales y la disminución de la calidad de los hábitats. Esto ha generado la progresiva disminución de la diversidad biológica, por su fragmentación y el abandono de la agricultura a pequeña escala en el medio rural. Por otra parte, los espacios metropolitanos y de aglomeración urbana generan presión, pérdida y ruptura de la conectividad de paisajes y el desarrollo con arraigo local.

La conservación por su parte, es un proceso en movimiento, muy impredecible y se debe estar atento a los nuevos problemas. Las áreas protegidas, la defensa de los territorios y el activismo ha sido la forma  de protección y conservación de la naturaleza, pero no han podido lograr un gran objetivo pendiente: vivir en comunión con el ambiente y las otras especies.

En este contexto, en los últimos años se ha desarrollado una nueva estrategia para lograrlo: el generar redes de colaboración en todos los campos de acción para no seguir sobrepasando los límites del planeta y hacer frente al cambio global.

Redes en Arboles | Proyecto Huella

Planificación del territorio

Bajo el suelo de un bosque existen conexiones entre hongos y raíces donde los componentes se interrelacionan en red para funcionar como un gran sistema y sobrevivir (Beiler et al. 2010). De igual manera, para catalizar la efectividad de los procesos socioambientales, es imprescindible comprender el diverso paisaje cotidiano como un mosaico de relaciones, donde las actividades y los quehaceres locales son esenciales para lograr un adecuado proyecto de desarrollo territorial.

El objetivo de esto es dinamizar e innovar con el territorio, aprovechando los usos tradicionales, intentando prohibir lo menos posible e incentivando las buenas prácticas y el trabajo entre el sector privado y público por un objetivo común. Para ello, es clave que exista la voluntad social y política, junto a un impulso local que idealmente nazca de la propia comunidad. Dentro de esta perspectiva, existe una forma de planificar el territorio llamada “ordenamiento territorial” que surge como propuesta para transitar de la tradicional visión de islas de protección -parques o reservas- e islas de impacto -áreas urbanas-, a un sistema de espacios libres que integren lo rural y lo urbano en un sistema territorial que posea la comunión entre humanos y otras especies como principal objetivo.

La planificación debe consistir en procesos participativos que faciliten su aplicación, basados en el conocimiento -científico y tradicional-, generando un espacio donde se difundan y compartan experiencias de los expertos locales en un funcionamiento transdisciplinar. Esta propuesta de planificación se enfoca en lograr una red colaborativa, diseñada y gestionada para proporcionar sinergias entre los diferentes actores y espacios existentes.

Area de Conservación Comunitaria, Río Ñambi, Colombia | Altaker | Proyecto Huella

Con la red se busca lograr un sistema de conectividad ecológica con espacios libres, definido por ecosistemas para la gestión responsable de los recursos naturales, la mejora de la conservación y la calidad de vida y ambiental del territorio. Algunos ejemplos de redes colaborativas a nivel territorial se encuentran los paisajes de conservación y reservas de la biosfera que se dan a nivel mundial, pero cada una con diferentes grados de interacción y participación. A nivel comunitario y campesino se encuentran varios movimientos como La Vía Campesina y ONGs como Change de World.

Visualizando alternativas: redes colaborativas

En la mayoría de los territorios existe un claro conflicto asociado a los intereses particulares y a su  gestión sectorizada,  dónde al igual que en la teoría darwiniana, prima la competencia por sobre la colaboración. La relación que se genera beneficia sólo a ciertos individuos o grupos específicos a costa de otros, perjudicando el desarrollo justo que se busca en el paisaje.

Los conflictos en conservación suelen provenir de la interacción de actores con mitos diferentes a partir de los cuales justifican sus decisiones. Lo importante no es tanto quién tiene razón, sino qué piensa cada uno, por qué actúa de cierta manera y cómo construir a partir de los posibles puntos de encuentro para un trabajo profundo en la conservación.

Como Juan Pablo Orrego planteó al comentar la noticia de la visita de Chomsky al ex presidente Mujica: “El extractivismo neocolonial campea desde que llegaron los españoles a nuestros territorios. Ningún gobierno “progresista” ha podido ponerle freno ¿Será que demasiada inercia y demasiadas anclas estructurales? o ¿Será que realmente los caudillos no tienen una visión alternativa, no la ven, no la imaginan, no la visualizan, no se la creen? El desafío es emprender el rumbo a un mundo, a una sociedad humana ecologizada muy radicalmente diferente a casi todo lo que conocemos hoy, lo que no quita que tendría que ser una combinación de muchos elementos positivos, virtuosos, geniales que nos han legado prácticamente todas las culturas y pueblos humanos. Habría que eliminar y dejar de hacer muchas cosas eso sí. Tremenda poda, tremenda purga, tremenda limpia, tremenda deconstrucción y reconstrucción.”

La actual crisis del planeta nos plantea el reto y la oportunidad de “construir sin destruir” y generar un paisaje de colaboración entre territorios. No hay recetas para llevar esto acabo, pero lo que sí sabemos, es que las redes ecológicas, hídricas y sociales de colaboración en todos los ámbitos son claves para mantener un territorio integrado y saludable. Es clave abrir el abanico de la vinculación con otros ámbitos, por ejemplo, buscar la oportunidad de que el 85% de la población del planeta se considera religiosa y vincularlo con la conservación de la naturaleza (ej. Encíclica Laudato Si, 2015). Hoy se están redescubriendo la importancia de la conservación y restauración de lo sagrado.

Familia Rimarachi en el Bosque Berlín, Perú | Proyecto Huella

Las redes y alianzas se dan a todos los niveles y son fuente catalizadora de cambios y sinergias en el territorio. Algunos ejemplos de redes interesantes en Chile en temas de áreas protegidas privadas a Asi Conserva Chile y la Red de Santuarios de la Región Metropolitana. En temas de protección del agua encontramos el Movimiento Social por el Agua y la Vida, el Movimiento de Defensa por el acceso al Agua, la Tierra y la protección del Medio ambiente, el Consejo de Defensa de la Patagonia, la Red de Acción por los Ríos Libres y la reciente Iniciativa Patagonia Mar y Tierra. Lo favorable para el territorio es que son redes que unen redes y se articulan entre ellas como nodos territoriales.

Hagamos que la evolución de nuestros territorios derive de la colaboración y no de la competencia. La cooperación entre grupos y personas que compartan diversas visiones con una dirección clara puede ser el paisaje de colaboración que en este crítico momento necesitamos.

Referencias:

Bastolla, U., Fortuna, M., Pascual-García, A., Ferrera, A., Luque, B. & Bascompte, J. (2009). The architecture of mutualistic networks minimizes competition and increases biodiversity. Nature 458(7241): 1018-1020.

Begon, M., Harper, J. & Townsend, C. (1996). Ecology: Individuals, populations and communities. Blackwell Science.

Beiler, K. J., Durall, D. M., Simard, S. W., Maxwell, S. A., & Kretzer, A. M. (2010). Architecture of the wood‐wide web: Rhizopogon spp. genets link multiple Douglas‐fir cohorts. New Phytologist, 185(2): 543-553.

Margulis, L. & Sagan, D. (1997). Microcosmos. Four Billion Years of Microbial Evolution. Berkeley and Los Angeles, California: University of California Press.

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Texto e imágenes: Jens Benöhr y Tomás González

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