Impresiones de Australia o el elogio de la vida simple

 

Impresiones de Australia o el elogio de la vida simple

Hay muchas cosas que dan para detenerse a elogiar este enorme país-isla llamado Australia. Es moderno, natural, amplio, ordenado, seguro, inclusivo, progresista y un largo etcétera de cosas positivas con las que me he encontrado desde que estoy aquí. Detenerse en todas y cada una de ellas puede ser largo y agotador. Así, sólo me detendré en las impresiones de lo cotidiano que uno puede encontrar en ciudades como Brisbane, Melbourne o Perth. Da igual donde, los autralianos han creado un lugar donde lo simple de la vida, el tiempo, el ocio, la vida al aire libre, importa igual que eso nos ocupa tanto a los americanos: el progreso a toda costa, incluso a costa del ser humano. Aquí eso dejó de ser una preocupación, está conjugado de ante mano y eso hace que la vida parezca más fácil de vivir.

La relación de los australianos con su medio ambiente es algo que ha llamado tremendamente mi atención. El respeto por la naturaleza es algo que al parecer está intrínsecamente en su cultura, a lo largo de un año y en al menos 8 lugares diferente que he habitado, he podido notar que el cuidado de su flora y su fauna es un aspecto que trasciende en el tiempo y en sus generaciones.

Voy a referirme -como extranjera observante- específicamente a sus playas y parques, en cómo creo yo que los australianos los piensan, cómo los viven y los comparten en un profundo respeto. 

Playas

Considero que tiene gran valor el hecho de que los bordes costeros no estén construidos solo para algunos, ni tampoco estén invadidos de comercio y lujosos restaurantes, sobre todo si se piensa que es un país con mucho dinero y gran parte de la población tiene un alto nivel de vida. Por supuesto que hay excepciones, no todo es perfecto, pero en la comparación con el nivel del continente americano y asiático que son mis únicas medidas.

Las casas que se construyen cerca de la costa respetan un límite bastante sensato como para no «apropiarse» del lugar y dejar que su flora y por supuesto su abundante fauna continúe habitando el espacio que les pertenece. En esto hay un gran respeto que viene de la buena educación que se les inculca a los ciudadanos desde niños.

De esta manera, las maravillosas playas que tiene este pedazo de árido y a la vez selvático país se viven de la manera más sencilla y natural. Aguas cristalinas y arenas blancas y, al fondo, el follaje que corresponda al territorio dependiendo el clima y geografía del lugar. 

En su mayoría, las playas no están invadidas por reposeras y quitasoles para arrendar por hora, tampoco se ven kioscos ni vendedores ambulantes. En la mayoría de sus playas no se construyen restaurantes ni edificios en primera fila.

Frente a esta maravilla, más impresiona aún lo que sí se piensa para ellas: construir baños públicos bien equipados con camarines y duchas (con agua caliente en algunos de ellos), muchos basureros que separan la basura según el tipo, sencillos estacionamientos de bicicletas y escaleras de madera y cuerda cuando es necesario para ayudar en el acceso. Muchas veces, es posible ver que los salvavidas no tienen cabinas construidas sobre la arena y simplemente, día a día, llegan en sus 4×4 y montan una carpa tipo toldo para pasarse el día en la sombra, atentos a lo que pueda pasar.

Parques y plazas

Si bien en sus parques la lógica es un poco similar, aquí se dan mayores construcciones pero todo con un sentido ético y en pro de la mejor calidad de vida de sus habitantes. Se construyen también baños públicos con altos estándares y tecnologías. Todos sus baños están pensados para personas con dificultades de movimientos como también, en algunos lugares, con la responsabilidad de proveer preservativos de manera gratuita. Esto me hace pensar en una sociedad de acción y no en una reaccionaria, una que se hace cargo de los problemas antes de que ya todos se den cuenta que se convirtieron en algo grave. 

A su vez, los parques, entendidos como espacios públicos de entretención y desarrollo de la vida social, cumplen con ofrecer diversos espacios para ello. Es posible ver no sólo máquinas de ejercicio, sino también canchas de tenis, basquetbol, footy, football, golf, y diversos skateparks, todo de uso gratuito, como también quinchos que además de tener mesa y asiento para picnic incluyen parrillas eléctricas donde el gas corre por parte del municipio. 

Finalmente, y como si fuera poco, en varios de sus parques es posible también encontrar producidos escenarios pensados en promover y apoyar a la ciudadanía a que tanto se exprese de manera artística como a experiencias el arte de aquellos que se atreven a crearlo. Gracias a esto, los habitantes pueden disfrutar cómodamente y al aire libre conciertos y experiencias musicales, de artes visuales y teatrales sin problemas y, como todo en Australia, a un alto nivel de calidad. 

Así mismo, hay muchos museos donde se expone siempre al menos una muestra de arte aborigen, promoviendo dar a conocer sus raíces y dándole espacio a aquellos que están más aislados en la sociedad, como una forma de acercar posturar y, de cierto modo, abrirse a que vuelvan a tener el lugar que les corresponde. En eso, sus vecinos de Nueva Zelanda son pioneros.

Pensar y crear los espacios que habitamos para disfrutar bajo una mirada de respeto hacia lo que ya está ahí, a mi parecer, es hacer arte. Y creo que el arte se vive cuando habitas esos lugares y sientes que todos están ganando en ese lugar. Nadie pierde, ni la hormiga ni la planta más pequeña ni el mayor de los poderosos seres humanos.

Es posible vivir en ese respeto porque está pensado así, el respeto a la VIDA del espacio público para el humano pero donde las aguas, las flores y árboles siempre están presentes, con la posibilidad intacta de que exista la abundante vida animal que caracteriza a este país, aves e insectos que, aunque en cohabitación con el humano, siempre son mayoría.

Texto e imágenes: Pilar Soto, desde Australia

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