Más allá de autor de una prolífica obra, Cedric Price (1934-2003) fue un pensador de la arquitectura, un depósito de ideas lleno de entusiasmo por la disciplina que se tomó el tiempo de redactar largos e intrincados ensayos donde recoge su visión de la vida y cómo ésta debía ser contenida por la arquitectura.
Siempre con énfasis en lo cotidiano, el acto depurado de hacer cualquier cosa sin premeditación, la exquisita gestualidad de lo espontáneo.
Fue militante de la desobediencia, sobre todo intelectual. Esa independencia mental mezclada con un humor muy británico hace de Price un tipo (y un arquitecto) imprescindible. Y es que nadie sin un alto grado de brillantez e iluminación pudo haber sido el autor de la siguiente frase, en pleno siglo de la tecnologización humana: ‘La tecnología es la respuesta… pero cuál es la pregunta?’
Su obra es la docencia y el ejercicio de la libertad contraria al paradigma moderno de su tiempo, brillantemente ilustrada en su Fun Palace, el Officebar o el fotogénico Aviario de Londres, una de sus pocas obras que se construyeron.

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Texto: @lnd
Imagen: Internet


