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De joyas y olvidos: Víctor Emanuel Becker y su legado en Pocuro

*Para Santiago Adicto – @santiagoadicto 

Víctor Emanuel Becker no aparece en las revistas, ni se enseña en las escuelas de arquitectura, ni está en la lista de los arquitectos imprescindibles del siglo XX. Su nombre no se emparenta con Duhart, Borchers o cualquiera de los modernistas chilenos. Tal vez le faltó la obra cumbre, esa que queda en la historia, pero no por eso su aporte es menos relevante. Víctor Emanuel (así, sin apellido) hizo de Pocuro su propia CEPAL.

Una serie de edificios llevan su sello en esta preciosa avenida arbolada, tal vez la más linda de Providencia, que se estira desde Pedro de Valdivia hasta Tobalaba. Todos a escala humana y dueños de un sentido urbano que los ennoblece, pues su arquitectura no sólo no entorpece la lectura homogénea del barrio, sino que la apoya con su presencia y le da un carácter singular que la distingue de otras avenidas de Santiago. Los edificios de Víctor Emanuel coronan este extraordinario gesto urbano que es Pocuro, una mezcla de la idea del boulevard francés -lugar de paseo que conecta puntos importantes de la ciudad- con los conceptos de la ciudad jardín inglesa –amplios antejardines, edificios sin medianeros y avenidas arboladas-, acompañando el avance de la calle con elegancia y silencio.

Aquí lo notable, pues los edificios de Víctor Emanuel tienen un lenguaje propio que resiste la tentación obvia de volverse relamidos o exageradamente simbolistas. No, ellos reverencian a la calle desde su jerga personal, en una especie de síntesis de los valores del Movimiento Moderno -ese que impulsó Le Corbusier desde Europa- pero con carácter propio.

Hay aquí planos limpios y desprovistos de adornos, primeras plantas libres, pilotes que levantan volúmenes, techos horizontales; pero también hay planos de colores, enrejados de fierro forjado, mosaicos de cerámicas y cantos adornados. Además están despojados de rejas, abren sus esquinas a la ciudad, comparten sus fachadas con el paseante; aquí la arquitectura luce, destaca, brilla y se entrega a la ciudad como un regalo.

Es un idioma personal el que construye Becker, emparentado con las vanguardias europeas pero adaptado a la realidad local, pues una América sin colores ni gestualidad, sin apertura y mezcla, no es una verdadera América.

Sus edificios también expresan esa virtud en el diálogo con las preciosas casas y casonas antiguas que aún permanecen en pie, sumado a su clara empatía o hermandad con las obras de otros arquitectos modernistas como Jaime Bendersky, cuyas obras son de características similares al punto que parecen confundirse. Todos juntos engrosan el ejército de orgullosos sobrevivientes de la fiebre inmobiliaria, aquel monstruo sin cara que ha conseguido borrar en parte el registro de lo que fue la Providencia concebida por Germán Bannen. Aquí está la resistencia.

Y es que pese a que lo suyo es más bien una historia de olvido, también lo es de vigor, pues hay una nueva generación que está cansada de la arquitectura de cartón y las mega torres que des escalan todo, la imagen un poco ficticia de un país que progresa, sí, pero a costa de vender sus propias joyas. En Pocuro hay una escala medida, encabezada por esta serie de edificios pequeños pero macizos, que deslumbran a cualquiera con el ojo algo afinado.

Pasan desapercibidos, algunos los consideran anticuados, varios están bastante deteriorados, sus colores han sido tapados por capas de pintura de grano y sus mosaicos de muriglass han ido cayendo; pero están ahí, en pie, dispuestos para quien quiera verlos y aprender que en Santiago, pese a su mala memoria, aún sobrevive el oficio.

Texto e imágenes: Gonzalo Schmeisser

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3 Comentarios. Dejar nuevo

  • Qué buena columna, me gustó mucho.
    Algunas ideas:
    Mostrar más de lo que hablan, cantos, mosaicos, fierros (se intenta pero quizá no en la calidad del sentimiento por la arquitectura). Quizá como las fotos de Sebastián Millanpara el blog de Depto51.
    Las fotos oscuras y en ángulo también me hacen ruido cuando hablan de arquitectura tan linda y bien pensaba.
    El ojo de pez no aporta mucho, quizá tiene que ser tomas más contemplativas, ya que se trata de apreciar detalles, formas y líneas.
    Mucho ánimo con el proyecto y que sigan descubriendo y comentando sobre las joyas que hay en Santiago y Chile.

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    • Gracias por tu comentario Ignacio! La propuesta estética, tomas y colores, está relacionado con el concepto del olvido… no fue al azar. Pero valoramos tus sugerencias. Saludos!

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  • Matias Kalau vom Hofe V
    abril 3, 2021 12:05 am

    Muy interesante articulo y merecido homenaje para un arquitecto tan prolifico. Lamentableme, ya no existe la mansion que contruyo en avenida Colon, vomo residdncis para el y para su madre. Siempre fue muy admirador de las grandes ciudades de Estados Unidos. Aun se conserva el edificio Los Ángeles, en Avenida Los Leones y Carmen Sylva. Recuerdo ese esolendido departamento Penhause y la piscina con vista a la ciudad. Algo desconocido en Chile a comienzos de los años 80.

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