Territorios Sagrados Parte 2 | La cumbre de Adán y sus escaleras al Cielo

Dicen que los primeros pasos de Adán en la Tierra- luego de ser expulsado del Cielo, fueron en la cumbre que lleva su nombre. Adam’s Peak o La cumbre de Adán es una montaña sagrada y sitio de peregrinación ubicado al centro sur de la isla de Sri Lanka, que congrega cada año a miles y miles de peregrinos que ascienden, por lo menos una vez en sus vidas, para conocer la famosas huella de piedra.

El primer paso de Adán para cristianos y musulmanes, Buda para los budistas y Shiva para los hindúes.

La travesía contempla alrededor de 8 kms. de seis mil escalones, de variadas texturas, alturas y anchos y bordeada por una gran variedad de puestos de feria, comida, bebidas o té.  Espacios que parecen ser temporales, recién construidos y desmontables pero al parecer fueron erigidos hace años de años, como si la montaña se hubiera formado con ellos.

Estos están exageradamente iluminados para los que suben de noche, destellando música de radios locales y siempre, con algún asiento para aquel que asciende y necesita descanso. Una arquitectura informal y vernácula, que se contrapone a un paisaje muy verde, algo tropical y abundante, y que conforma la tan famosa imagen país de la isla de Ceylán.

A la cumbre es mejor subir de noche para ver el amanecer en la cima, cuando la peculiar forma de la montaña proyecta una sombra triangular sobre la planicie circundante y, lo que es más llamativo, sobre el templo erigido por los budistas. Es un trayecto de soplo puro, fresco y que si se apura el paso, como la generalidad de los turistas lo hace, se realiza en un par de horas.

Por su parte, los peregrinos en su mayoría budistas, suben ataviados de blanco, con un aire ligero y pausado sin nadie que los apresure, ensimismados, riendo, descansando a ratos y deteniéndose en uno que otro de los miles de locales del camino.

Al llegar arriba las vistas son lo que se espera: un conglomerado de montañas y lagos teñidos de tonalidades azules que adquieren su color natural a medida que el sol se levanta y avanza por entre los valles, los colores verdes se avivan y se entiende, ahora sí, la magnitud de la naturaleza circundante.

Pero lo que importa es la cumbre, atiborrada de peregrinos dando ya el último aliento antes de llegar y cargado de un aura de veneración absoluta que congrega a religiosos de todo el mundo en un solo lugar. Si bien es cierto y puede tener que ver con todo lo que te dicen antes de subir, algo excepcional sucede allá arriba, algo intangible y que va más allá de lo significativo que tiene un lugar de un paisaje excepcional.

La connotación y significancia que cuatro religiones le han dado a esta cumbre del territorio ceilandés cargan a este elemento del paisaje de una gran gracia espiritual poco vista. Subir la cumbre de Adán no es ascender cualquier otra montaña de la isla, está cargada de un don espiritual, de una especie de aire emocional e incluso místico que se inició con creencias, mitos y leyendas hace y más de mil años y que permanecen intactas hasta hoy.

A la cumbre subieron -muchos años antes de que la cumbre figure en las guías- reyes, exploradores y personajes de variadas religiones. Incluso el mismo Marco Polo en una de sus tantas travesías por el mundo quiso ascender, ciertamente no movido por el listado de hitos turísticos imprescindibles.

Y es que esta montaña es representativa del pacto tácito que ha hecho el ser humano con el paisaje, dotando a la naturaleza de significado místico, histórico y religioso, en esa búsqueda constante de sentido espiritual y tan bien define a las culturas orientales. Aquí el gesto de ascender, subir, elevarse, es parecido al de creer que estamos llegando a pasos del Cielo.

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Texto: Carolina Briones | Imágenes: Carolina Briones + Internet

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