Cactus en el desierto

Cactus en el desierto

Las minas de plata atrajeron gente lejana
a este desnudo desierto,
de Atacama.
Unos vendían alcohol, otros sexo,
Y alguno una mesa de juego.
Para los más,
Toda era faena dura,
la de la piedra,
y el cuidado de una esperanza
casi perdida
A esos, nunca los tocó la mágica varita.
De ansiedad, de urgencia,
Por necesidad,
crearon sindicatos y sus huelgas
interrumpieron el silencio
Pedían un mundo mejor
para ese Copiapó desierto,
otro para Valparaíso y su puerto,
el último por Concepción con sus bosques.
Tres cabezas querían para Chile,
Pero
no los oyeron.
el ritmo lo impuso el dueño de la tierra,
el que solo ha querido
una cabeza,
una sola,
la suya.

En el Norte se acabó la plata,
los aventureros volvieron a sus países.
Quedaron los cementerios
con sus flores de papel
girando al viento.
Los cactus gigantes,
columnas altas erguidas al sol,
No sueñan con una sombra fresca;
se inclinan hacia el sol más intenso.
buscan también lo que brilla,
como los hombres,
pero ese resplandor no les hiere.


Texto: Miguel Laborde
Fotografía: Luna Figueroa

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Monteverde
Bolivia