Un color de otro mundo
Tenía 18 años al leer ese libro nuevo, fresco,
Le llegó un aire de selva húmeda, de trópico,
de Caribe.
Estuvo dos noches sin dormir,
absorto ante esas páginas.
Después se puso a reordenar el mundo,
el nuevo mundo;
se había descubierto, recién, latinoamericano.
No pudo soltar el libro varios meses
Cien años de soledad-,
para seguir respirándolo.
Fue por eso que, en el casino de la Facultad,
con una taza de café el medio,
ella le preguntó por el libro.
Hablaron hasta que se hizo de noche,
hasta que ella también respiró el aire caribe.
Tuvieron que irse, lo hicieron juntos,
renacieron y despertaron en ese 1967.
Incluso, su tesis doctoral, él la dedicó a un japonés
suicida,
solo porque había publicado algo ese mismo año.
Nunca sintió una epifanía igual,
hasta que leyó el 2666 de Bolaño.
Pero, ya no estaban juntos.
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Texto: Miguel Laborde
Fotografía: Fabiana Calderón



