A pesar de la creencia popular – de la que los medios de información masivos son muy responsables – hay muchas cosas que nos unen con nuestra vecina Argentina; muchas más de las que creemos. Ambos países compartimos una extensa historia en común, especialmente vinculada desde el desarrollo de los pueblos originarios que poblaron estas tierras australes y que se repartían como uno sólo a ambos lados de la cordillera.

Bien es sabido que las fronteras son imaginarias. Que si caminamos en dirección a Argentina y nos empinamos cordillera arriba no nos encontraremos jamás – si sobrevivimos – con una línea divisoria dibujada en el suelo. Por muy obvio que esto suene, esta convención humana moderna nos determina mucho más de lo que creemos. Está en nuestra conciencia la idea de límite, de que este es mi pedazo y ese es el tuyo… y no se te ocurra entrar sin permiso.

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Barcaza Punta Canelo-Puerto Maldonado

Eso a la geografía no le importa. A las altas cumbres de Los Andes y sus venas azules de agua los tiene sin cuidado. Y el río Puelo es, como tantas otras cosas, prueba de ello. Es argentino y es chileno. Es binacional. Un fenómeno poco habitual en estos años en que la propiedad privada parece ser el único destino de las cosas.

Mucho antes de aquello, los mapuches o poyas le llamaban ‘agua del este’ (o Puelo) a este inmenso drenaje natural que nace desde el precioso lago del mismo nombre, ubicado en la argentina provincia de Chubut, que cruza como si nada las altas cumbres y esa línea imaginaria que nos divide, se nutre de varios lagos de este lado y desemboca – luego de dar vida al increíble lago Tagua-Tagua – en el Pacífico, cerca del Seno de Reloncaví. El camino que surca en su avance es bellísimo y los paisajes pueden resultar, si uno no está preparado, aplastantes.

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Lago Tagua Tagua

Pero el aporte de su existencia – y que ya sería suficiente – no es sólo la belleza. Y es que es también es el elemento natural que da vida a varias comunidades humanas, animales y vegetales que se han agrupado desde hace muchos años en torno a sus aguas. Quienes habitan su ribera no están ahí por casualidad, lo hacen sabiendo que el río es una inagotable fuente de vida y que los sistemas (sociales, culturales y ambientales) asociados a cursos hídricos de esta naturaleza son sumamente frágiles.  Y hoy la amenaza está latente.

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Riberas

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Riberas

Para los más despistados, un megaproyecto energético de esos que salen cada cierto tiempo con los colmillos afilados buscando en que río sureño clavarse, apareció para amenazar la calma trascendental del Puelo. Calma que sólo se ha visto relativamente perturbada con la llegada de turistas, atraídos por la pesca deportiva y por la belleza de sus paisajes. Esto, a pesar de las contradicciones obvias, ha traído consecuencias positivas, pues ha sido un elemento vital para poner esta maravilla natural en los ojos de los demás.

El proyecto en cuestión no sólo pretende inundar más de 5.000 hectáreas de bosque nativo construyendo un muro de 100 metros de altura, además quiere empalmarse al sistema interconectado central de energía a través de aquellas torres de energía que tristemente decoran el paisaje de nuestro país.

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Afluentes Río Puelo

La devastación que supone construir un embalse y una central hidroeléctrica en un lugar como este va más allá de afectar el curso natural de los días de quienes precisamente han han dado vida a este lugar; o de inundar unas cuantas hectáreas de bosque; o de empujar unos cuantos kilometros a unos pocos animales; o de perjudicar la práctica de la pesca deportiva del salmón, quizás el rey de estas aguas; supone una enorme modificación de un paisaje que se ha delineado con el fino pincel del agua desde que la tierra es tierra.

Supone borrar de un plumazo la memoria tanto natural como cultural del lugar. Supone otra ‘victoria’ de las exiguas políticas ambientales de Chile, y supone la derrota del hombre por el hombre. A estas alturas un clásico.

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Tagua Tagua

El argumento de que si Chile quiere energía tendrá que asumir los costos ambientales se cae a pedazos cuando vemos el enorme potencial de la energía producida por el sol en el norte, o por el viento en el sur. Todas energías renovables, de bajo impacto ambiental y cuyo costo a largo plazo es muchísimo menor. Y para que decir más, si cualquier ser humano pensante sabe que aquí lo que prima no es el interés común y el bienestar nacional, como nos quieren hacer creer; sino que prima el funesto cuoteo político y el ensanche del bolsillo de quienes impulsan estos proyectos apelando a la inmediatez, al hoy, a un bienestar propio y pasajero. Esos que ven a nuestros ríos como jugosos objetivos de sus mezquindades.

Esta defensa va en honor de aquellos que resisten, en honor de quienes estuvieron aquí, los que están y los que estarán después; esta defensa va en honor del río y su memoria. Pues aún hay gente que cultiva el arte de la memoria, y aún hay gente que resiste. Todavía hay gente que entiende que este segundo no es el único segundo y que nosotros sólo estamos aquí lo que dura un suspiro. Y habemos quienes estaremos aquí para hacer eco de su causa.

Texto: Gonzalo Schmeisser | Imagenes: Fernando Márquez de la Plata ©

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