El paisaje triste de Sylvia Plath

Hace un mes – el pasado 11 de febrero – se cumplieron 53 años de la muerte de la grandiosa poetisa nortemericana Sylvia Plath, quien hizo de una vida una desdichada el mejor sustrato de una poesía notable, cargada de tristeza, verdades y lamentos; pero también de una noble belleza y una sobrecogedora visión del mundo natural.

Criada en un aislado barrio de Boston, rodeado de un gran parque, una laguna y el zoológico de la ciudad, Plath sintió siempre la necesidad de aislarse para conectarse, de sumergirse en un verde prado para dejar volar la punzante imaginación de su pluma y, con descarnada crudeza, lo consiguió.

Siempre incomoda en las ciudades, eligió vivir (y llorar) su vida en medio de la naturaleza, así como situar su obra siempre en medio de parajes aislados, rodeados de árboles, lagunas, ríos y montañas. El paisaje triste de sus días. Proyectando una verdad personal a través de sus personajes literarios, hizo ver a las ciudades como entes opresores que vacían a sus habitantes, les quitan el espíritu, los alienan y los vuelven autómatas. ¿Quién sino ella, desventurada y sufriente, pudo cantar mejor la necesidad urgente de romper con los lazos que nos atan a las infames ciudades?

No podría nunca vivir en Londres, Nueva York o Madrid, incluso Roma‘, diría, como fijando una ley propia. Y es que su creatividad surgió siempre en los límites difusos en que abunda la voluntad inexpugnable de la naturaleza, muy lejos de la obra humana.

Esta breve nota es un pequeño homenaje a quien dejara testimonio del poder creativo del hombre cuando se enfrenta a su realidad primitiva. Y es que no se trata de hablar de la naturaleza por hablar, se trata de conectar, reconocerse planta, ser uno con el cosmos y dejar de mirarse el ombligo.

‘Esta noche, en luz infinitésima
de estrellas, árboles y flores
han esparcido su frescura aulente.
Yo entre ellos me paseo, no me ven, cuando duermo
a veces pienso que me les hermano
más que nunca: mi mente descaece.
Resulta más normal, echada. El cielo
y yo trabamos conversación abierta, así seré
más útil cuando por fin me una con la tierra.
Árbol y flor me tocarán, veránme’

Fragmento del poema ‘Soy vertical’ – Sylvia Plath (1960)

Texto: Gonzalo Schmeisser

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