La definición de bicicleta según mi viejo y confiable Diccionario Enciclopédico Ilustrado OCEANO UNO es: “Vehículo de dos ruedas en que el movimiento de los pies se transmite a la rueda trasera mediante una cadena”. Si bien la definición se refiere al objeto, este mismo no es algo estático en el tiempo, físicamente y simbólicamente ha ido cambiando durante décadas hasta diversificarse en los variados tipos de bicicleta que hoy en día existen.

En el desarrollo de la bicicleta contemporánea se distinguen tres fases diferenciadoras: El invento original fue el velocípedo, creado en 1817 en Alemania por el barón Karl Drais, con la idea de reemplazar al caballo como medio de transporte por una máquina para desplazarse. El modelo era bastante incómodo, con una dirección rudimentaria y sin pedales. El impulso se realizaba con los pies en el suelo, balanceándose de un lado al otro y sin frenos, por tanto sólo los más temerarios se lanzaban colina abajo montados sobre este objeto, levantando las piernas y esperando lo mejor, que a veces era terminar estrellado contra alguna vaca. Además, sus ruedas eran duras y similares a las de carruajes, teniendo problemas para conducirse en caminos de tierra, por lo que también se le apodó boneshaker, o agita huesos.

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Representación de Karl Drais y su modelo ‘boneshaker’

Tiempo después el incómodo “agita huesos” fue rediseñado en las forjas de Inglaterra. Para 1870 este vehículo, conocido como biciclo, era más liviano para alcanzar mayor velocidad y se le alteró la rueda delantera, aumentando su tamaño considerablemente. Este modelo de bicicletas fue el primer éxito en Estados Unidos e Inglaterra, sin embargo su precio era alrededor de un mes de sueldo, por lo que solo era accesible para los ricos de la época. En 1880 aumentó considerablemente la circulación de biciclos y se generó un gran entusiasmo por su uso deportivo.

Los usuarios de esta bicicleta eran exclusivamente hombres, caballeros bien vestidos, que fundaron clubes de élite en torno al biciclo. Estos ciudadanos prestigiosos salían a lucirse en sus vehículos en las carreteras rurales, vestidos con trajes militares y dándose rangos entre ellos. El wheeling, o pedalear, era visto como un acto social regulado bajo una estricta etiqueta, y quien no pertenecía a estos clubes, y pedaleaba solo por las calles de la ciudad o el campo, era víctima de burlas y tratado como un disidente. A pesar de su creciente popularidad, los biciclos también eran vehículos peligrosos e incómodos y pese a que tenían frenos, el toparse a alta velocidad con un bache en el camino podía terminar en lo que era conocido como un header, es decir, el ciclista salía volando por sobre la enorme rueda delantera, directo hacia su muerte.

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Un hombre muy informal para un biciclo

Consciente de estos problemas, el inglés James Starley construyó en 1885 la bicicleta de seguridad, el primer modelo de bicicleta que posee todas las características básicas que hoy en día utilizamos. Este vehículo era más seguro y fácil de conducir, con las dos ruedas del mismo tamaño, neumáticos de caucho y propulsado por pedales con cadena y piñón. Crítico en el éxito de la bicicleta de seguridad en Europa y Estados Unidos fue la mayor eficiencia en su producción masiva y la consiguiente reducción del costo para el consumidor.

Su creciente popularidad trajo controversias y algunos sacerdotes llegaron a considerar inmoral su uso. Además, se reconoció un nuevo segmento consumidor; las mujeres. Una de las principales promotoras del movimiento feminista por el sufragio femenino, Susan B. Anthony, declaró en 1896 su admiración hacia la bicicleta por haber hecho más por el movimiento feminista que cualquier otra persona o cosa.

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Bicicleta moderna 

Aquel invento que comenzó como un juguete para el hombre se convirtió en una herramienta capaz de empoderar a la mujer de manera personal y política, de brindarle una nueva forma de libertad nunca antes vista: la libertad del movimiento, de valerse del cuerpo de una misma y nada más, poder decidir la ruta y el destino, posibilidades nunca antes permitidas a las mujeres dentro del patriarcado occidental. Incluso la indumentaria de las mujeres cambió, de faldas largas y aparatosas, al “racional” uso de pantalones para poder conducir sin peligros y con mayor comodidad. Posteriormente, tras la Segunda Guerra Mundial, se volvió a considerar a la bicicleta como un medio emancipatorio, esta vez dentro de los movimientos obreros, al respecto Marc Augé nos recuerda: “La clase trabajadora existía y (…) creía en el futuro del socialismo. La bicicleta, instrumento indispensable para las personas más modestas, era también un símbolo de los sueños y la evasión” (Augé 2009: 23-24).

Sin embargo, tras la caída de las grandes naciones comunistas, con excepción de China y su extraño ejército de ciclistas, el sueño de la emancipación proletaria fue extinguido, quedando relegado a viejas y nostálgicas figuras en bicicleta, que por la madrugada recorren las desiertas calles de la ciudad, con tan sólo el continuo traqueteo de la oxidada cadena como melodía de fondo, rumbo a algún incierto futuro.

feminismo en bicicleta

Feminismo en bicicleta

En lo que respecta a Chile, Tito Matamala nos brinda fragmentos de la historia de la bicicleta disueltos en anécdotas personales. El ingreso de la bicicleta a Chile se traza a comienzos del siglo XX, con la fundación en 1905 de la primera agrupación de ciclistas de Chile, el Club Estrella de Valparaíso. En un principio la bici se utilizó para pasear, de ahí en adelante, poco a poco fue considerándose un medio de transporte, al mismo tiempo que objeto de competencias deportivas.

En la década de los 80, durante la dictadura militar, la bicicleta dio un vuelco definitivo hacia el deporte, derrocando su uso orientado a los desplazamientos urbanos. La publicidad del Banco de Santiago: “Cómprate un auto, Perico” revela a través de la burla el desprecio que se generó en torno a la bicicleta como medio de transporte. En esta publicidad, Perico busca a su amada en bicicleta, entre gritos de la gente instándolo a comprarse un auto. Al llegar al hogar de su novia, esta le reprocha por no buscarla en automóvil, lo cual culmina con ambos incautos entrando al banco en busca de un préstamo automotriz.

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No vengo a vender, vengo a regalar

La reciente economía de libre mercado, aplicada a la fuerza, multiplicó las ofertas de automotoras en el país, con una dictadura prometiendo casa y auto propio para cada familia al final de la década de los 80, promesa que obviamente nunca se cumplió, por suerte. Esta postura revela el anhelo por al automóvil como cúspide de la realización social, siendo la bicicleta un mero escalón del errático ascenso hacia el éxito, y claro, un crédito bancario es lo más pertinente para lograrlo.

Hoy en día, el uso de la bicicleta como medio de transporte ha tenido una gran aceptación dentro de los discursos de movilidad sustentable. Sin embargo, como hemos visto, la bicicleta no es un mero objeto mecánico que permite el desplazamiento del punto A al B; está llena de significaciones, diversos mundos convergen en y desde este objeto. Se ha puesto en la mesa a la bicicleta como símbolo de independencia, sustentabilidad y salud, y se cita constantemente el éxito de su implementación como medio de transporte en Holanda, Dinamarca y otros países europeos.

¡Cómprate un auto, Perico!

Raudamente, tanto a nivel ciudadano como institucional, la bicicleta cobra cada día más fuerza y presencia en los medios de comunicación, las conversaciones cotidianas y las calles de la ciudad. Recordando a Marc Augé me pregunto, ¿qué sueños y evasiones levantamos con cada vuelta de rueda, qué futuro nos depara el traqueteo de nuestras cadenas? Aún estamos en un momento de transición entre el modelo de la automovilidad y otras alternativas, ocultas tras la esquina. Pero algo sí es seguro; actualmente Perico vive infeliz, endeudado, con problemas de colesterol y con los niveles de estrés elevadísimos.

Bibliografía:

Augé, M. (2009). Elogio de la Bicicleta. Barcelona: Editorial Gedisa.

Matamala, T. (2013). Chile Bicicleta, una crónica de pedales y nostalgia. Santiago: Aguilar.

Vivanco, L. (2013). Reconsidering the Bicycle: An Anthropological Perspective on a New (Old) Thing. New York. Routledge.

Texto: Jens Benöhr  

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