Pearl Jam y su pequeña profecía medioambiental

Para quienes fuimos adolescentes en los tardíos años 90, ‘Do the evolution‘ es uno de esos hits que se reconocen inmediatamente con la primera nota. Te gustara o no Pearl Jam por esos días (cuando se habían cortado el pelo y parecían más viejos), nadie quedó indiferente a esa catársis musical que llegaba a nuestros oídos día y noche, y que hoy es parte fundamental de la banda sonora de los ya lejanos tiempos del pantalón gris y la chaqueta azul.

Y es que resulta que aquella bulliciosa cancioncita sonó y sonó durante 1998: archi tocada en radios como la Rock & Pop y la Futuro, constantemente hecha pedazos en malos covers de las bandas de garage de los amigos y, especialmente, con la rotación indiscriminada de un video que se repetía día y noche por Via X, Wurlitzer o MTV, cuando aún le quedaba algo de rockero.

Fue tanto el bombardeo conjunto entre imagen y música – explotando hasta el cansancio la idea de un Pearl Jam renacido – que hubo poco tiempo (pocas neuronas y mucha juventud) para notar lo increíble del video, lo profundo de su contenido y lo profético de la letra.

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Ser humano promedio

Por esos años – que yo recuerde – no se hablaba demasiado del problema medioambiental: los nombres de Al Gore y Naomi Klein no nos decían mucho y a Chico Mendes lo conocíamos sólo por ese hit nostálgico-bailable de Maná; la TV apenas nos mostraba breves imágenes de unos hippies locos que se lanzaban contra los barcos balleneros con la bandera de Greenpeace, Eduardo Galeano era ignorado por la mayoría y el concepto de paisaje ciertamente no era una moda como lo es hoy.

Por eso no nos hizo click aquella increíble pieza audiovisual creada por dos monstruos de la animación como son Kevin Altieri (Batman) y Tod Mcfarlane (Spawn), convirtiéndose nada más que en un adorno televisivo más, el chiche del año para la industria musical.

Casi 20 años después, esta oda a la estupidez humana (‘soy el primer mamífero en hacer planes’), al individualismo (‘admírame, admira mi casa, admira mi canción, admira mi ropa’), la hipocresía (‘soy un ladrón, soy un mentiroso, aquí está mi iglesia, canto en el coro.. aleluya’) y a la falta de tino con la que el hombre se relaciona con el medioambiente (‘esta tierra es mía, esta tierra es libre, haré lo que quiera’), aparece como premonitoria.

 

No se trata de creer que Vedder – un reconocido ambientalista – descubrió nada nuevo, puesto que el individualismo y el falso ideal de ser dueños de la naturaleza parece ser propio de nuestra raza (el video comienza con la primera célula que da paso a los seres vivos y desde ahí parte el problema), pero sí advirtió el panorama que se nos venía con la llegada del siglo XXI y el temible fenómeno de la globalización y el internet, por esa época aún en ciernes.

Era el amanecer del hombre alienado, esclavo de la tecnología y ultra contaminado de información.

Y si bien es cierto que las posibilidades se multiplican con las comunicaciones, también se multiplica la ignorancia, la desinformación, los charlatanes y los falsos líderes, así como se aceleran los procesos productivos (y destructivos) que tienen al mundo preso de un apuro inusitado por conseguirlo todo, a costa del planeta, siempre con el lema del progreso como coartada. Y preso también del pánico natural de darnos cuenta que parece que fuimos más allá de lo permitido, ignorando el letrerito que decía ‘no pasar’. Estiramos tanto el chicle que parece que se va a romper… y nosotros con él.

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Eddie Vedder flotando por el rio

Y aquí la tremenda reflexión que nace de oír esta canción y ver este vídeo hoy: el ser humano es y será el único culpable de su propia destrucción.

Se supone que en 1998 – cuando ‘Do the evolution‘ salió al mundo – aún estábamos a tiempo de atender sus sugerencias, pero no lo hicimos, tal vez confundidos por la música y por las luces de la tele; o por la indiferencia generalizada de los 90, tan bien expresada por un icono de la generación X como Marcelo Ríos (tan común verlo en TV por esos años como al video en cuestión) y su ‘no estoy ni ahí’, que pareció ser el lema de una década apática.

¿Será que está en nuestro reaccionario ADN despertar cuando ya es demasiado tarde?. Que sirva de lección para que la próxima vez (si es que la hay) entendamos que el grito ‘!it’s evolution, baby!‘ de Vedder y los suyos, era una ironía.

Texto: Gonzalo Schmeisser

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