El tercer paisaje de Santiago y el tiempo de las orugas

 

EL TERCER PAISAJE DE SANTIAGO Y EL TIEMPO DE LAS ORUGAS

por Andrés San Martín | *Para Santiago Adicto – @santiagoadicto

— Hola, ¿me compra una caluguita?. Las orugas, ¿anda buscando a las orugas?, mire, ahí están, mire, mire.

— No, ando sacando fotos a las plantas — mientras pensaba que el viejo estaba loco.

— ¡Ah! a las orugas — exclamó —. Mire, mire, ahí andan, está lleno. Se trepan por la reja y está lleno acá, cuidado con las orugas, la gente las pisa. Sáquele a las orugas.

Bastante desconcertado me fui al otro extremo del sitio para fotografiar la otra cara, queriendo más que nada perder al viejo loco y volver después a realizar las fotos desde el pasaje. Al llegar a la Alameda y comenzar con las tomas cercanas, por el lente de la cámara, subiendo por una hoja, de un color café verdoso y largos pelos ordenados en fila, el prejuicio hacia el vendedor de calugas me provocó una pequeña angustia por tomarlo como un loco: eran verdaderas orugas.

Volví al pasaje República y poniendo atención en el suelo vislumbré decenas de orugas, algunas aplastadas y otras caminando.

— Oiga, vienen de acá — señalándole al vendedor las verdes plantas tras las rejas del terreno baldío antes de ponernos a charlar de las orugas.

Espacio desde el Pasaje República y vendedor de calugas

Inserto en medio de la manzana que conecta pasaje República con la Alameda en el Barrio República se ausenta –a modo de pausa urbana– una edificación, un vacío en un lote que hasta hace unos años era un famoso galpón muy concurrido por los estudiantes para jugar pool. Se le llamaba originalmente “El pool”.

Desde de la destrucción de este edificio anterior, el lote se encuentra en un estado de abandono aparente gracias a que no existe proyecto alguno que pretenda transformar el vacío en un nuevo edificio y además de la no posibilidad de uso cotidiano gracias a una reja muy bien construida e instalada en todo el perímetro que no colinda con los edificios vecinos. El lote, gracias a su localización, permite ver desde la Alameda el interior del pasaje República y viceversa gracias a que sus dos límites –note y sur– dan a la vía pública. Es como si uno pudiera ver en rayos X hacia la manzana vislumbrando lo que existe al otro lado.

Espacio desde el Pasaje República

Muchos urbanistas o economistas dirían que terrenos como este se encuentran estancados en medio de un proceso normal de “regeneración urbana”, pero bajo una mirada distinta y certera –como la de un vendedor de calugas– este “vacío urbano” se configura como una oportunidad única para el desarrollo de la naturaleza en un territorio que pide a gritos que no se le siga interviniendo mediante la construcción de asfaltos, parques, encausamientos de ríos, autopistas, etc….

Una lugar donde de naturaleza solo nos quedan estos pequeños frágiles anarquistas habitantes, capaces de conformar en un micro territorio de unos cuantos metros cuadrados un completo proceso de recolonización natural contenedor del verdadero ADN de un territorio al cual en algún momento se le llamó Santiago. Antes, durante mucho tiempo –ese tiempo que a nuestro parecer es falsamente lento y estático propio del paisaje– fue un completo ecosistema silvestre en perfecta armonía consigo mismo, tiempo en dónde palabras como “entorno” o “contexto” no existían. Espacios contenedores de una belleza y perfección que escapa a nuestros conceptos citadinos de estética.

Son estas manifestaciones anárquicas del paisaje las que nos entregan la oportunidad única de apreciar la naturaleza propia del lugar sin intervención humana. Esta naturaleza que no podemos ver ni en la ciudad ni en el campo y que es portadora de la verdadera belleza natural, con un aspecto caótico y desordenado ante nuestros ojos, idea basada en la falta de entendimiento de sus sistemas y relaciones . Quizá los únicos espacios naturales que disponemos y no apreciamos, sitios a los que el jardinero botánico francés Giles Clement llama “El Tercer Paisaje”; el espacio que no expresa ni el poder ni la sumisión del poder, sino un tercer estado, un anti-jardín.

Gestos de la naturaleza 

Este Tercer paisaje se expresa en el conjunto de espacios residuales que se generan en la ciudad ya sea por descuido, problemas legales, dificultad de acceso o imposibilidad de edificación, y que gracias a la ausencia de intervención humana, la naturaleza logra recolonizar para transformar la historia urbana en un microcosmos de diversidad, en donde la estacionalidad vegetal y animal se hace presente mediante los colores inherentes al territorio. ¿Hace cuanto que no ves una oruga en Santiago?

La primera temporada –después de la demolición del edificio–  son las mal llamadas “malezas” las encargadas de subsanar y recomponer el estrato superior de la tierra dañado por su anterior explotación. No se qué tienen de malo estas especies para que las llamemos así. Luego, en la siguiente temporada, serán especies espontáneas y sub-espontaneas las encargadas de preparar el suelo para la irrupción en estaciones futuras de los verdaderos santos griales del paisaje capitalino; las especies esclerófilas conformadas por Espino, Boldo Quillay, Litre y Peumo – como ejemplos más representativos– y arbustos de tipo espinoso. El verdadero Santiago Natural, el Santiago que no fue.

En este segundo proceso se encuentra el anti-jardín de República; preparándose por varias estaciones para que el proceso de recolonización sea exitoso y rogando para que esas rejas nunca sean derribadas, resguardando que individuo alguno pueda acceder a su interior.

Desde Alameda

Quizá me equivoque al publicar esto pues la forma mas eficaz de subsistencia que posee el tercer paisaje es el que no existan para las personas, ser invisibles para ellos es ser invencibles; pero tal ves la contemplación de este tercer paisaje pueda servir para que nos demos cuenta que nuestras añoranzas de naturaleza no son naturales y van en completo desmedro de nuestro ecosistema – del cual somos parte en conjunto con otras especies de toda índole– y que una bella mariposa es sólo si antes fue una peluda oruga, entendiendo así que la manifestación de la verdadera belleza del paisaje se encuentra en la complejidad y entendimiento, y no en la dominación.

Las primeras lluvias que ya comienzan en nuestra capital anuncian el pronto crecimiento de nuevas especies y con esto la llegada de una biodiversidad incalculable. ¿Cuál será el color del ex pool de República esta primavera? Sea cual sea lo invito a contemplar su belleza pero por favor no lo altere, no se entrometa; las plantas necesitan su espacio y ojalá que el proyecto del futuro edificio se quede estancado por siempre en la oficina de obras de la Municipalidad de Santiago. Nuestra ciudad lo necesita.

— 

Texto e imágenes: Andrés San Martín

Las fotografías fueron tomadas la temporada primaveral 2017 en película fotográfica análoga expirada y digitalizadas mediante scanner.

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