TODO ES AGUA: LA PISCINA DE KULCZEWSKI AL BORDE DEL MAPOCHO

por Francisca Morandé | *Para Santiago Adicto – @santiagoadicto

Dicen que el agua es el principio y el fin de las cosas; y al pensar y re-pensar la piscina que construyó Luciano Kulczewski para la Universidad de Chile, esto hace sentido.

El edificio estilo Art Decó ubicado en Avenida Santa María 983 -un nodo de importante conexión con el resto de la ciudad- y construido en 1929 se ve desolado; la opacidad, el desgaste de la pintura y los grafitis delatan un abandono. Es por esto que el aspecto de la antigua construcción pareciese hacer una perfecta continuidad con la imagen que actualmente, a esa altura de la ciudad, evoca el río Mapocho.

La figura del Mapocho no es estática, pues a pesar de los miles de esfuerzos por ser intervenido y por ser dominado, sigue siendo un elemento de soporte y significación perenne; siempre está abierto a todas las miradas que lo observan, lo transitan y que también lo ignoran. Ahí están los dos, el río y la piscina, en un diálogo sordo.

Si se toma la decisión de entrar al edificio, en primer plano se ve agua estancada por el cemento que delimita al Monumento Nacional tras un enorme ventanal; una piscina que alcanza una altura de 17 metros, 36 de ancho y 40 de largo, vestida por las clásicas hileras para practicar natación, como un cruce ocasional entre lo anterior y lo actual.

La obra fue diseñada por el arquitecto Luciano Kulczewski, de marcado corte social, para impulsar un avance en las condiciones de la salud de la población de la época, pues en aquel entonces la idea de progreso y bienestar andaban resonando en todo el sector público: porque el agua está en todas partes. Dentro y fuera; el comienzo y el final.

Tales de Mileto, quien es considerado como uno de los primeros filósofos de la historia, dijo que el agua es el principio y el fin de las cosas. Entonces, otra vez, en esta parte de Santiago todo es agua. El ante jardín de la casa es el río Mapocho y la piscina es el patio trasero. Un patio trasero desangelado, entristecido y que, para muchos, sigue siendo un secreto.

A continuación, un pequeño esfuerzo por develarlo:

Fotografía de 1930 | Santiago Kul

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Texto e imágenes: Francisca Morandé

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