Elogio de Los Andes | La casa del arquitecto Jorge ‘Pino’ Sanchez

Ubicada en la precordillera de Santiago, la casa del arquitecto Jorge ‘Pino’ Sánchez -recordado profesor de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, y también creador de la emblemática guía Turistel- es una clara muestra de una arquitectura que no sólo busca dialogar sin ambigüedades con el medio en que se emplaza, sino que también incorpora al paisaje como la variable principal de su programa y de su forma.

La complejidad y el aporte, más allá de la arquitectura misma, es entender que el rol de la obra es no sólo posicionarse en un lugar, sino que crearlo: antes de que las increíbles formas de esta casa aparecieran por primera vez aquí, este sitio era únicamente una ladera de cerro, como las hay tantas en El Arrayán; fue la obra la que le dio el carácter y convirtió un trozo de naturaleza andina en un paisaje.

5

Fachada Norte desde el patio principal

Hablemos ahora de arquitectura pura y dura: la casa se divide en tres módulos dispuestos en tres niveles escalonados. Un primer nivel que alberga los espacios comunes y el acceso principal. Desde aquí se disponen otros dos módulos más – puestos en dos niveles distintos – que conectan con dos patios privados de igual modulación. Estos tres espacios son articulados por un corredor interior vidriado que conecta todo el inmueble desde su médula misma.

4

Juego de luces y sombras

La arquitectura nos regala la posibilidad de ir avanzando recinto a recinto entre sus curiosas formas, haciéndonos partícipes e invitándonos a jugar el mismo juego que  afuera nos propone la montaña: ascender, detenerse y contemplar.

En ese orden, la extraordinaria modulación de sus ventanas, diseñadas según la luz que se proyecta en el interior a distintas horas del día, se suman al juego, sin contar con el regalo que supone ir observando el entorno del paisaje desde el interior: matizado, quebrado y enmarcado por la inefable ley del instante. Suena complicado, pero es básicamente una estrategia operatoria que no busca nada más que conseguir una mimesis con el espacio que está afuera.

Estamos en el adentro, pero sin perder el afuera.

9

Cielo desde el interior

La composición es alucinante y la mezcla de materiales es otro ingrediente que le da valor agregado a la forma. Más arquitectura: la madera se trenza con el vidrio sin complejos mientras el acero viene de atrás y los apoya, para que el hormigón sustente todo y le de cuerpo al espacio.

Un valiente y a la vez sensible ejercicio que no tiene nada de antojadizo ni arbitrario. Cada gesto, cada movimiento, sólo tiene por objetivo hablar del lugar en que se emplaza la obra -nada más simple- en un brillante, significativo y certero elogio de Los Andes.

6

Juego de planos en techos y vidrios exteriores

Antes de iniciarse cualquier planimetría o idea concreta, Pino Sánchez -hombre inquieto y observador- la tenía ya diseñada en su cabeza a partir de la experiencia del lugar cuyas leyes son dignas de enaltecer: una pendiente aguda, vistas encajonadas del valle de Santiago con la cordillera a sus espaldas y la presencia de abundante vegetación nativa. El clásico paisaje de pie andino a la altura de Santiago que creemos conocer pero sólo percibimos difusamente a la distancia.

A partir de croquis y maquetas que fue mostrando sucesivamente a familiares y amigos, Pino Sánchez pensó la casa con la idea fija de dialogar con el paisaje precordillerano, lo que es visible también desde el exterior con sus dinámicos techos que se funden con los planos inclinados de las laderas, invitando también a este juego de movimientos del interior pero ahora afuera.

Y lo que es más notable, es que a esta danza no sólo está invitada la geografía y la vegetación, sino que también un habitual invitado de piedra para la arquitectura: el viento.

72

Detalles de ventana y combinación de material

10

Trabajo de paisajismo en terrazas

Las formas sugieren movimiento, se inclinan ante la luz, trazan pinceladas diagonales como la montaña; y en el interior se ven las consecuencias: aparecen los elementos de la arquitectura como tratando de hacer un encuadre propio del exterior, conformando una escultura virtuosa que crea lugar y es -a su vez- una alegoría y celebración del paisaje. Con esto, se consigue hacer del objeto y su lugar un hecho indivisible.

Esta máxima, que también nos dijera Miguel Eyquem en su entrevista (ver aquí) es ley para quienes forman parte la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso, desde la fundación de la misma en la primera travesía por América: sin arquitectura, no hay lugar. Punto.

8

División interior de cielo: dos perspectivas

2

Fachada principal

1

Desde el exterior: juego de planos inclinados y laderas

Una obra de este valor es a la vez una invitación a entender que la arquitectura no puede ser un hecho caprichoso y voluble, donde lo que vale es la mano ágil del creador o el ego de su ingenio, menos aún es el factor económico que se cuelga del creador como una pesada mochila; y mucho menos aún lo es la rentabilidad y su vigor en el mercado. La casa de Jorge Sánchez es una prueba de que la arquitectura debiera saber moverse entre la idea del primer cobijo humano y su rol de lenguaje material, todo lo demás le es ajeno.

Texto: Gonzalo Schmeisser | Imágenes: Fernando Márquez de la Plata

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *