Lo sagrado y lo profano: una animita en el paso bajo nivel Santa Lucía

*Para Santiago Adicto – @santiagoadicto 

“Ánima bendita, por tu muerte, quizás más cruel que mi vida, estás muy cerca de Dios”.
(Plath, Oreste, L’ animita: hagiografía folklórica, 1993).

La imaginación y la memoria son actividades complementarias del pensamiento, que permiten trascender el espacio y tiempo del mundo de los fenómenos. Cuando se habla de memoria, se refiere a lo ausente. Es lo mismo que con la imaginación; ésta puede imaginar cosas inexistentes, puede hacer proyecciones.

Bordeando los pies del Santa Lucía, se empieza a hundir la ciudad con un gran mural de mosaicos en movimiento. Son miles de metros cuadrados de arte cinético con un importante valor histórico y estético moderno. La obra fue llevada a cabo en la década de los 70´s a manos de tres artistas chilenos: Eduardo Martínez, Iván Vial y Carlos Ortúzar.

Justo cuando el pavimento empieza a declinar para entrar al túnel, en el lado derecho de la vereda, se ve el nombre de Felipe con letras reflectantes y un marco de fotos pegado sobre el mosaico que cubre el muro. Abajo, hay una pequeña estructura con forma de casa para recordarlo.

Es, de algún modo, una intervención sobre una intervención sobre una intervención. Una hondonada vial que modificó la estructura horizontal de la ciudad, transformando su verdad original a través del arte para darle un poco de carácter, convertida a su vez por el recuerdo de los deudos de un joven cuyo destino se truncó en este lugar, que antes fue otra cosa.

Existe un fenómeno individual y colectivo de religiosidad popular, que se esparce por todo el territorio chileno y va tomando forma de recuerdos para quienes murieron de una forma abrupta y trágica. Se dice que sus almas permanecen en la tierra y que, a cambio de rezos y veneraciones, entregan ayuda a quienes la piden.

Hay animitas que no son famosas, que yacen olvidadas y abandonadas, pues quizás no han concedido los favores o simplemente nunca nadie las tomó en cuenta para estos grandes asuntos. En cambio, algunas encandilan con colores y flores que denotan el sincretismo del catolicismo español con las creencias pre-hispánicas, creando verdaderos santuarios populares.

La animita del joven Felipe, quien murió hace más de diez años en un accidente de tránsito en la entrada del paso bajo nivel, entrega por las noches destellos de advertencia luminosa -en eso su nombre trasciende un poco más-, para evitar los accidentes de quienes se adentran en esta obra de arte urbano que,  habita entre lo sagrado y lo profano.

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Texto e imágenes: Francisca Morandé

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