Into the wild | Jon Krakauer

A estas alturas, un clásico moderno indiscutible. Casi está demás decir que el libro del alpinista-escritor Jon Krakauer narra la historia de un joven estadounidense llamado Christopher Johnson McCandless, que decide librarse de esa pesada mochila que es cargar con las reglas de la sociedad y lanzarse al camino a buscar respuestas.

Su quema de naves va acompañada de la creación de un relato simple pero contundente, inspirado en su propia idea de que la sociedad no hace más que contaminar la esencia del ser humano puro y que la vuelta a la naturaleza es la única opción. Se apoya además -y esto le agrega valor a su tesis- en autores de peso: León Tolstoi, Henry David Thoreau, Lord Byron, Jack London, entre otros, quienes vienen desde atrás y le palmotean la espalda ante cada una de sus aventuradas decisiones.

De repente, en un acertado input, Krakauer interrumpe la narración principal e inserta algunas historias similares (especialmente interesante la de Everett Ruess) que le ponen un poco más de verdad al asunto: McCandless no es el único, sólo el más famoso.

Objeto de deseo, admiración e imitaciones varias (tanto literarias como reales), la historia de McCandless tiene una patita un poco más profunda que va más allá de lo lindo de viajar cuando lo que está a nuestro alrededor nos agota. Y es que el ejemplo de su quiebre es también una invitación a descubrir lo estrecho de los límites en los que nos movemos diariamente cuando vivimos insertos en la sociedad. Todo nos confina: familia, amigos, trabajo, ciudad. Todo está rodeado de barreras y se convierte en un nefasto recipiente que nos remite inevitablemente a sus propios límites. Nosotros, como si fuéramos un líquido inerte, tomamos la forma de ese molde.

¿Somos realmente como somos? ¿O sólo somos lo que la sociedad hace de nosotros?

into-the-wild

Tres ediciones distintas

La historia de McCandless, todos lo saben, fue llevada al cine por el ultra-mediático-pero-ermitaño Sean Penn. Un prodigio en el arte de vivir al margen pero que todos lo sepan. Con una fotografía notable que nos llena los ojos de los más variados paisajes del lado norte de América, y una banda sonora imperdible (tanto la música incidental de Michael Brook como el muy famoso soundtrack oficial), la película fue tan exitosa que convirtió un libro que pocos habían leído, en un súper hit. Suele suceder.

Esta historia se escribe y se resuelve sola. Krakauer tiene la virtud de narrar y desaparecer. De ser el instrumento de la verdad puesto al servicio de la literatura. Y aún así él mismo autor -y esto la película logra transmitirlo a la perfección- deja sobre la bandeja una moraleja para quien quiera captarla: McCandless nunca logra en la naturaleza la felicidad plena que tanto anhela, sólo breves momentos; tampoco descubre la verdad del hombre escondida entre los árboles y la nieve; y, lo que es peor aún, da claros signos de arrepentimiento cuando ya es demasiado tarde.

Aún así, esta imperdible crónica aventurera está repleta de belleza, inspiración y lecciones, sólo hay que estar atento a recibirlas y ser frío a la hora de idealizar. No vaya a ser que algún despistado suba a una cumbre nevada, alce los brazos y se dé cuenta que la música de Eddie Vedder no suena por todas partes. O bueno, tal vez así descubra por sí mismo que el hombre ya no tiene vuelta atrás y que estamos inevitablemente rodeados de vacío.

Texto: Gonzalo Schmeisser

Category: Libros
Entrada anterior
Ficciones y paisajes
Entrada siguiente
Intervenciones en el Paisaje | Parte 1

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

Menú