Usted dirá: ¿que hace ella en un blog de paisaje y arquitectura? ¿Una filósofa existencialista, tan asociada a temas serios y difíciles, tan aparentemente alejada del relajo que nos provoca el mundo natural y su idioma silencioso?

Primero, está aquí porque nos gusta mucho… y no sólo por lo linda (muy linda) que era. Simone, a través de la alta filosofía habló del ser humano en todas su dimensiones, incluido -y aquí la clave de esta recomendación literaria- el desesperado abandono frente al mundo natural. Claro, la figura de Dios ya no volaba sobre la cabeza del hombre moderno, así que la responsabilidad era hacerse cargo de uno mismo ante la vastedad del mundo, que ya no tenía más ese refugio que la religión había construido con un par de palos flacos y un techito de paja.

En su caso, mucho más aproximada al mundo femenino y las vicisitudes que implica nacer y crecer en un mundo tan irritantemente machista. Esto especialmente manifiesto a inicios del siglo XX, cuando la mujer rompió cadenas y gritó al mundo masculino que no era un objeto más de la cocina.

simone

‘Memorias de una joven formal’ en tres ediciones

Da lo mismo. El asunto es que esta increíble primera parte de su tetralogía autobiográfica: ‘Memorias de una joven formal‘ (1958), ‘La plenitud de la vida‘ (1960), ‘La fuerza de las cosas‘ (1963) y ‘Una muerte muy dulce‘ (1964), es un precioso canto al descubrimiento del mundo, al darse cuenta de que se existe… y que no hay más que eso. La elocuente pluma de la bella Simone revela -a través de un detallado recorrido por su infancia y juventud- una profunda sensación de alegría y angustia, provocada por entender el desolado pero feliz destino humano: la vida es un regalo y hay que agarrarse de él mientras se pueda, pues después no hay más que la muerte y el olvido.

Esa virtuosa mujer que legó al mundo algunas de las mayores obras de la literatura y del pensamiento, no sería tal si no hubiera sido por el espacio, la pausa, la conexión-desconexión con el mundo que tuvo disponible en el campo familiar en las afueras de París, donde pasaba largas temporadas leyendo acostada sobre los yuyos. Simone divagó entre los arbustos, descubrió su soledad ante el mundo bajo amplios cielos azules, se dio cuenta de su enorme poder creativo entre los altos pastizales y supo de su fragilidad humana frente a las lagunas y los ríos… y se descubrió mujer, individuo, bajo la sombra de un árbol. Un alto árbol que se elevaba sobre un fondo de nubes y brisas, ensoñaciones que viajaban a la velocidad de la luz y que la hacían sentirse parte de un cosmos que la ciudad le negaba.

Entonces si lo que se busca aquí es referenciar libros que nos inspiren salir al mundo a descubrir lo que está más allá de los límites urbanos, más allá de la postal turística, el documental de la TV y la verdad oficial, las memorias prematuras de Simone son una gran invitación y están cargadas de un mensaje alentador y de reconocimiento personal, basado en la sencilla revelación de que el ser humano no es más que una flor librada al viento en medio de cualquier paisaje y de cualquier naturaleza, hasta que se marchita.

Texto: Gonzalo Schmeisser

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