Sendero de algueros Llico-Lipimávida | VII Región del Maule

Todo comienza en el pequeño poblado de Llico, ubicado  a unos 100 kilómetros de Curicó hacia la costa, muy cercano al lago Vichuquén. Iniciamos nuestra caminata en el remate del pueblo, un antiguo muelle de madera que muestra el paso del tiempo y las inclemencias del clima costero: fuertes y constantes vientos desde el sur, además de las frías aguas del Océano Pacifico rompiendo constantemente.

La huella que recorre este borde no es una obra humana consciente, sino que – como todo sendero espontáneo – es producto del constante paso del hombre a través de este territorio. Los primeros en hacerlo buscaban algún recurso natural que les procurara su subsistencia, encontrando en la extracción de algas un oficio que se transformó en tradición.

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Pequeñas comunidades de ‘algueros’ se apropian de este lugar en algunas épocas del año para hacer la ya típica extracción y secado de las algas para su comercialización. Como resultado de esta faena, y en virtud de mejorar las condiciones de trabajo, es posible encontrar ahí una serie de elementos que han configurado este paisaje cultural; pequeñas intervenciones humanas que facilitan el acceso a un lugar difícil: antiguas escaleras de madera o puentes que hacen posible poder circular sin mayor dificultad a través de las rocas.

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A medida que avanzamos la huella zigzaguea constantemente, subiendo y bajando, desde las aguas hacia el farellón costero, entre las rocas y la vegetación de baja altura que aquí encontramos. Divisamos principalmente pequeñas cactáceas y suculentas, las cuales han crecido aquí por ser lo suficientemente resistentes para aguantar los fuertes vientos y la salinidad del entorno que lo impregna todo.

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Desde las alturas, el viento se siente fuerte. Empuja y apura al caminante.

Podemos encontrar también algunos ‘rucos’ a lo largo de nuestro recorrido. Estas instalaciones corresponden a precarias viviendas que son utilizadas por los algueros como morada para pernoctar durante las temporadas de recolección. Luego de aquello, son desalojadas y pasan a constituir parte del paisaje como presencias permanentes, lo que crea un rasgo identitario propio de este territorio.

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Aquí la mano del hombre es bastante notoria, pero no por grandes intervenciones ni modificaciones sustantivas al paisaje, sino que por la creación progresiva de un ambiente propicio para el trabajo, desde la arquitectura.

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El pegamento de todo esto, es la sencilla necesidad de extraer los recursos que el mar ofrece, creando un sistema de vida que tiene que ver directamente con la relación del hombre y su paisaje. Quienes continúan hoy con la tradición del oficio de alguero, saben que la necesidad aquí – junto con un paisaje propicio – han sido el motor de una cultura.

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La existencia de este lugar para muchos es aún desconocida. No nos encontramos con nadie ni supimos de nadie que haya hecho esta caminata antes. A partir de esto, y de lo notable de la historia de este sitio y su actividad productiva, sumado a la presencia de algunos elementos patrimoniales como viviendas antiguas, animitas, pequeñas ruinas y un enorme faro, podrían transformar una alicaída zona de Chile en una interesante ruta patrimonial.

Texto e imágenes: Fernando Márquez de la Plata ©

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