Las Salinas de Pullally se ubican al noroeste de la Región de Valparaíso, en la comuna de Papudo, a unos 150 KM de Santiago. Este lugar, mixtura perfecta entre paisaje boscoso y ecosistema costero, es un pequeño tesoro tan desconocido como alucinante, y muy al alcance de la mano.

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Panorama general del humedal

El acceso hasta este lugar se da a través de un sinuoso camino que bordea el extenso rio La Ligua, el que – en conjunto con el rio Petorca – da forma a un precioso humedal que se nutre de ambas aguas. En este lugar existe un particular ecosistema que se genera por bruscos cambios de corrientes y temperaturas fluctuantes, lo que permite un nutrido movimiento de especies de pájaros y especies vegetales, quienes dan vida al lugar.

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Panorama general del humedal

Producto de la prolongada sequía que nos acompaña hace algunos años – sumado a los efectos del terremoto del 2010 – el rio ha permanecido sumamente seco. De este modo, pasó un buen tiempo sin haber conexión con el mar, por lo que el particular ecosistema que describimos más arriba se vio fuertemente amenazado y levemente modificado.

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Especies vegetales en el humedal costero 

Actualmente los cursos de aguas volvieron a su normalidad gracias a invierno generoso en lluvias y el lugar retomó su curso habitual. Hoy se encuentra lleno de vida, no sólo vegetal y animal, sino que también de personas que vistan el lugar para realizar distintos deportes acuáticos y no tanto: surf, kayak, cabalgatas, avistamiento de aves, entre otros.

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Cabalgata por el humedal

Una posibilidad de avistar un paisaje distinto al del humedal, es el que podemos observar desde la playa. Grandes dunas se despliegan hacia el oriente, lugar en que es posible encontrar importantes conchales, casi todos vestigios de la época de los Changos que alguna vez habitaron la zona. Su presencia aún permanece si uno mira bien el blanco manto de residuos marinos, que contrasta enormemente con la vegetación de baja altura que aquí existe.

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Residuo de lamas intermareales

Por otro lado y más próximo al borde costero, podemos en contrar un tercer elemento distintivo de este paisaje: grandes roqueríos, con formaciones de las más diversas dimensiones y formas, complementado con preciosos pozones de agua cristalina y vegetación de baja altura, suculentas y chaguales especialmente.

Acompañan la vista, grandes bandadas de cormoranes que pululan por la zona y que tienen manchadas – con deposiciones – las rocas de un blanco intenso.

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Cormoranes en roquerío

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Pozones en el borde mar

Nuestro recorrido continua hacia los puntos más altos del lugar, generalmente marcados por una mixtura de flora nativa propia del lugar y extensos bosques de Pinos y Eucalyptus. Lo particular de esta vista, es que se divisa a simple vista un paisaje de alto contraste entre los Chaguales, Astromerias y pequeños arbustos; y las extensas y frondosas plantaciones de especies introducidas.

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Vegetación de borde mar

Por otro lado la existencia de bloques de rocas dispersos por el lugar, le dan a este paisaje una especie de asomo de bosque, que abarca visualmente una extensa porción de territorio desde Papudo hacia el sur y Pichicuy en el extremo norte; además de alturas como el cerro ‘El Cobre’, y algunas salientes de la majestuosa Cordillera de los Andes, como el  archifamoso ‘Aconcagua’. Este último es posible observar exclusivamente en días despejados.

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Paseo por salientes de roca

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Contraste entre especies nativas e introducidas

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Contraste entre especies nativas e introducidas

Ya en el fin del tramo y mirando hacia abajo, nos maravillamos con la variedad de paisajes existentes en este lugar, y nos percatamos de la existencia de un ecosistema altamente valioso y frágil como el caso del humedal, siempre amenazado por la escasez de lluvias, el calentamiento global y, especialmente, el factor humano. Por lo tanto, este paseo es una invitación a mirar bien para conocer, y es un llamado a la acción.

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Punto final del recorrido, vista hacia la bahía de Pullally

De nosotros depende darle el valor adecuado a lugares como este, caracterízandolos desde sus singularidades como parte del sello que nos define como país: el paisaje. La tarea entonces es visítar lo que se tiene tan a mano, maravíllarse y cuídar como se debe, y dale larga vida a estos ecosistemas.

Texto: Fernando Marquez de la Plata | Imágenes: Blanca Riesco + Tere Pereira + Fernando Marquez de la Plata ©

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