Paseando por Caleta Vítor | XV Región de Arica y Parinacota

En esta ocasión pasamos unos días recorriendo la maravillosa costa ubicada al sur de la ciudad de Arica (en la recientemente fundada XV Región de Arica y Parinacota) lugar donde comenzamos nuestra pequeña travesía por la costa de nuestra puerta norte.

Cargamos la casa rodante y partimos con rumbo sur, siguiendo las indicaciones que nos dan en la zona.

Ubicada unos 50 kilómetros al sur de la ciudad de la eterna primavera, este pequeño paraíso playero aparece después de surcar una larga cuesta con varias curvas que hacen que debamos desplazarnos lentamente, pudiendo observar su impresionante geografía costera hacia un lado, y hacia el otro el extenso desierto que se despliega hacia la Cordillera de Los Andes, donde se nos pierde la vista.

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Caleta Vítor

Tras un buen rato viajando logramos identificar una llamativa quebrada, que destaca por sus plantaciones de tomates, rocotos y zanahorias, en un tremendo contraste con la desolación del desierto tan próximo.

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Caleta Vítor y Farellon costero

Nos adentramos lentamente por la quebrada hacia el poniente, rodeados de grandes paredes de rocas y arenas que caen desde lo alto. Es impresionante encontrar vida en este tipo de lugares tan extremos, y es que gracias al pequeño curso de agua y las napas subterráneas existentes, un territorio aparentemente muerto cobra una función productiva que le da vida, identidad y carácter propio.

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Gaviotas del lugar

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Jotes y foca muerta

Tras un rato de ir recorriendo esta zigzagueante quebrada logramos divisar el Pacifico en toda su magnitud. Una extensa playa de arenas blancas aparece ante nosotros, rodeada de pronunciados farellones costeros y de una serie de grandes árboles como Eucaliptus y Palmeras que nos invitan a refugiarnos del intenso calor bajo su follaje.

Recorremos la playa bastante sorprendidos por la presencia de estos árboles que no sólo dan sombra, sino que han traído una importante colonia de aves que merodean el lugar, especialmente jotes y gaviotas, siempre presentes alimentándose de algún animal muerto o sólo vigilandonos desde el aire.

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Contrastes

Mirando los árboles, ciertamente introducidos, nos surge la duda, ¿cuál será la historia de este lugar?

A grandes rasgos, nos enteramos de que este territorio y el hombre han tenido una larga historia aquí; y es que desde tiempos precolombinos la cultura Chinchorro habitaba las cuevas existentes en las rocas. Ahí dentro, sin mucho esfuerzo, se pueden observar vestigios de jeroglifos, pudiendo apreciar figuras de llamas, alpacas y personas, que han sobrevivido al mal uso y los años.

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Especies introducidas

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Habitantes del lugar

Luego de la invasión europea, este lugar fue utilizado como punto estratégico de defensa, por lo que es posible observar algunos elementos de guerra como cañones y una ruina de fuerte de defensa. Otra capa en la memoria del lugar.

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Playa

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Petroglifos Chinchorros

En la actualidad, este territorio sorprendentemente bello y conmovedor, es uno de los balnearios costeros más utilizados por la gente que habita la región, por lo que – cómo no – la basura está a la orden del día. Pero lo que da más pena es la falta de cuidado del patrimonio cultural ancestral y la memoria, la inconsciencia de quienes visitan este lugar es evidente en el deterioro de los pocos vestigios que van quedando. Una muestra clara de cómo funcionan las cosas en Chile, donde prima la inmediatez y la falta de tino de las autoridades, así como la total indolencia de sus ciudadanos.

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Atardecer en las cuevas

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Vista hacia el extenso Pacífico

Un bello atardecer sobre el mar despide nuestro día. Es tiempo para relajarse al calor de una fogata y compartir una buena conversación muy cerca del mar, respirando el aire salino que lo invade todo y nos envuelve.

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Nuestro Hogar

Un viento fresco nos recuerda que el desierto está cerca, muy cerca, y nos sentimos privilegiados de nuestra geografía. ¿Qué otro país puede juntar en tan poco espacio desierto y mar? ¿Cordillera y playa? ¿Tierra y agua?  Un privilegio que no muchos tienen y que está ahí afuera no más.

Texto e imágenes: Fernando Márquez de la Plata ©

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