¿Y los otros?

¿Y los otros?

Estoy de acuerdo con esos que dicen que la identidad es importante,
pero que más importante es la humanidad.
En un país árabe me despertó el llamado del muecín, su llamado a la oración.
La ciudad dormía, su voz recorría los techos, antes del amanecer;
supe que lo hacía igual, todos los días.
Pregunté qué decía y me amigo me dijo que Dios es grande,
y que La oración es mejor que el sueño.
Me conmovía esa voz en la oscuridad, gritando Dios es grande,
sus palabras lanzadas desde un torreón sobre la ciudad dormida.
Me dijo que odiaba esos llamados, que por eso había abandonado Irán,
pensé en ese niño exasperado porque alguien grita Dios es grande
en la mitad de la noche.

Le pedí que me acompañara a Jerusalén, para oir otros murmullos,
esas letanías que son las mismas hace miles de años, dos veces al día:
Shema Dysrael Adonai Eloheinu Adonai Echad,
Escucha Israel, el Seños es nuestro Dios, el Señor es Uno.
No pudimos cruzar, tuve que imaginar el Muro de los Lamentos
y esas voces, Adonai, Adonai,
Dios es uno, para árabes y judíos,
amo a Sudamérica, con sus sinagogas y mezquitas,
para lanzar sus voces – desde el abismo- hacia el misterio,
también en Teotihuacán y Tiwanaku.

 

Texto: Miguel Laborde
Fotografía: Gonzalo Schmeisser

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